Los indios de Huayacocotla que platicaron con Dios

En la sierra veracruzana existe un pueblo levantado sobre la cresta de un cerro. Por lo mismo, los constructores de esa congregación horadaron una nube y condenaron a sus pobladores a vivir en la oscuridad. Solo tres o cuatro meses al año tienen derecho a ver el sol y los colores de sus llanuras.

Everardo Monroy Caracas/ A los Cuatro Vientos

 Aún así, sus casi veinte mil moradores son felices. En más de dos mil años de existencia, mil seiscientos bajo la venia de la raza de castilla, aprendieron a sembrar manzanos, olmos y duraznales. El olor de fruta se mezcló con la humedad de la niebla y ahora el pueblo es un recipiente de caolín y calhidra, donde cada morador prende veladoras para no perder el rumbo y la razón.

Una vez al año, a principios de febrero, los hombres tienden a disfrazarse de mujeres y látigo en mano brincan y brincan bajo los acordes de las tamboras y los trombones. Es tiempo de la matanza del cordero y la quema del grano. En el corazón de la plaza pública, los gallos de plumaje rojizo o grisáceo tienen que enfrentarse entre si, como viejos gladiadores romanos, y humedecer de sangre sus espolones tras degollar al oponente.

Por única vez, los santos y arcángeles, principalmente el apóstol Pedro, y el Cristo del corcovado dejan sus poltronas de la vieja iglesia colonial, y se olvidan de sus feligreses, poseídos por las pestes infernales del pulque y aguardiente. Intentan liberarlos de esa pesada carga de remordimientos y temores.

Cada calle tiene nombre propio y las madres parturientas cuentan con su pedestal en la cercanía del hotel La Bodega. Jesuitas y juaristas siempre han vivido en santa paz y los alcaldes, reacios a evitar los favores del soborno, permiten que los cultivadores de sueños y fantasías, trafiquen con marihuana y amapola. Los uniformes verdes y azules son imperceptibles bajo el color del dinero.

Tengo tantos recuerdos de ese pueblo de niebla y fragancias naturales que con solo cerrar los ojos retorno a sus llanuras y siento en mis pies descalzos la frialdad de la arenilla blanca. Cada familia tiene una historia y cada lápida, una lágrima. Nadie quiere creer que Pedro Infante, Kalimán y Memín Pinguín ahí se conocieron. Cada semana huían de las historietas impresas y de los destartalados radios de baterías y hacían de las suyas. De Pedro puedo decir mucho, porque al internarse en los macizos volcánicos, de cabellera crespa por tanto oyamel y encinos, su voz no paraba de resonar y espantar a las codornices. Le trajo la maldición al pueblo, porque se llenó de enterradores y muertos, acicalados por el néctar de los magueyales y la caña de azúcar. Del Hombre Increíble poco puedo decir. Tuvo la delicadeza de no estar acompañado de aquel chamaco egipcio, descendiente de faraones. Las mejores batallas de Kalimán y sus adversarios ocurrieron en Huayacocotla. Los lugareños, y me cuento entre ellos, fuimos testigos privilegiados de varios encuentros entre el descendiente de la diosa Kalí y la Araña negra, el conde Bartok, la Diosa blanca, El extraño doctor Muerte, Karma y Humanón. No me van a dejar mentir los paisas de Vivorillas, Palo Bendito, Camarones, El Naranjo, Carboneros, El Zayado, Los Duraznos o Donangu.

De Memín hay mucho que contar porque conocimos las palizas que recibía de doña Eufrosina, su madre, salvaje mujer. Mis compañeros de aula, del cuarto y quinto grado de primaria, optamos por no meternos en su dolor para no odiar a nuestros padres. En algunos casos, experimentamos el mismo tormento. La madre de Carlangas, una prostituta de buena pinta, también nos arruinó nuestros paseos por el arroyo de Agua Caliente. Terminamos ante el padre Canuto revelándole a detalle los soliloquios de la mano y la saliva. Ernestillo y Ricardo jamás lograron convencernos de que la escuela era lo mejor. La niebla nos obnubilaba las ideas y difícilmente conoceríamos la mar o una barriada proletaria. Las pinturas de Marx aún no se materializaban. Difícilmente saldríamos de Huayacocotla, porque tendríamos que crecer y tener dinero en los bolsillos.

Cada día, un autobús cruzaba el serpentinero de cerros antes de ser devorado por el aliento pastoso del cielo. En ese camastrote de anchos neumáticos desgastados y graznidos de moribundo, veía partir a mis amigos una vez al año. Sin embargo, en las vísperas del carnaval llegaban los primos Ricardo, Rubén y Rebeca, de la mano de su madre –la furibunda tía Paz–, y me prodigaban juguetes reciclados y dulces con corazón de chocolate. Dos semanas de juego y aprendizaje. Por ellos me enteré que por el mundo rondaba un agente inglés con permiso para matar. Se llamaba James Bond y utilizaba el prefijo 007. También me entusiasmaban los espías Napoleón Solo y Illya Kuryakin, de la Comisión Internacional Para la Observancia de la Ley, Cipol, eran la contraparte gringa. Sus archienemigos de THRUSH eran eliminados como moscas y mis primos, aliados de la democracia gringa, me ponían al tanto de esas correrías internacionales mientras desgranábamos mazorcas o podábamos los árboles frutales del huerto familiar.

Tantas cosas pasaron durante mi infancia y ahí quedaron. Huayacocotla es un cofre de humo que teme tocar el cielo, pero hay gambusinos de Texcatepec, indios puros, otomíes de abolengo, que llegaron a escalar el cerro del Corcovado y penetraron a los aposentos sagrados del Dios Hebreo. Créanmelo o no, pero hay huayacocotlenses que tuvieron la dicha de asistir a un encuentro entre Jehová y Luzbel y los escucharon apostar por la cabeza de un Papa y diez cardenales pederastas. Los arcángeles y once apóstoles de Jesús pueden decirles si miento. Es la pura verdad…

everardo-monroy*Everardo Monroy Caracas. Periodista y escritor, originario de Huayacocotla, estado de Veracruz. Es fundador del periódico Uno mas uno y laboró como reportero en los diarios El Diario de Chihuahua y Ciudad Juárez, El Universal, Diario de Nogales, El Sol de Acapulco, El Sol de Chilpancingo, El Diario de Morelos, La Opinión de Torreón, La República en Chiapas y de las revistas Proceso y Día Siete. Es autor de los libros Ansia de Poder, Nostalgia del Poder,El Difícil camino del poder, Tepoztlán: Cuadrónomo extraterrestre, La Ira del Tepozteco, El Quinto día del séptimo mes, Complot Chihuahua: Matar al gobernador, Fusilados y El Chacal de Pie IX. Actualmente radica en Canadá./