Para lograr la aceptación, mujeres policías se "masculinizan"

El uso de lenguaje agresivo, ejercer formas autoritarias de poder y consumo excesivo de alcohol son algunas de las estrategias de adaptación utilizadas por mujeres policías, sobre todo en puestos de mando, con el fin de estar cerca de lo que la “masculinidad” impone como forma de comportamiento normal dentro de las corporaciones de seguridad.

Emir Olivares Alonso / La Jornada

Así lo revela el estudio El impacto del trabajo en el empoderamiento de las mujeres en el espacio laboral de la policía, el caso de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, de Olivia Tena Guerrero, académica del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (Ceiich) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La investigadora señaló que en las corporaciones existe una relación de poder marcada tendencialmente por el género, en este caso masculino, que refiere a la policía con una fuerte carga machista, por lo que las mujeres tienen que adoptar actitudes masculinas para su aceptación.

Información dada a conocer por la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM detalla que algunos estudios revelan que las nuevas policías han establecido ciertos cambios como parte de esta adaptación a las instituciones, pues han generado una forma casi pura de masculinidad hegemónica, al enfatizar, primero, las acciones agresivas, luego un fuerte sentido de competitividad y después orientaciones heterosexuales exageradas, frecuentemente articuladas con fuertes actitudes misóginas y patriarcales.

“Se ha construido históricamente una relación entre violencia y masculinidad ligada al cuerpo masculino, y el espacio policial parece ser el sitio legítimo para ejercer esta clase de agresividad”, sostuvo la especialista en estudios de género.

El culto a la masculinidad, agregó, es usado como estructura de prestigio, dentro del cual las mujeres son difamadas, tratadas con discriminación, con condescendencia y negando su valor social.

La investigación encontró que también hay quienes se esfuerzan todos los días por recordar y demostrar a sus compañeros y a la corporación que ellas son mujeres y que desde esta identidad pueden cumplir con las obligaciones que les impone ser policía.

Otro dato arrojado por el análisis mostró que la exposición al peligro está muy asociado al estímulo o al prestigio, los cuales son fundamentales para el estilo de vida y la autoimagen de la policía. Frente a ello, las uniformadas han adoptado estas premisas como parte del desarrollo de su labor.

Para la académica la presencia femenina en estas corporaciones se ha convertido en una amenaza que exhibe el trabajo policiaco, en su mayor parte, como una labor que no implica peligro físico ni lucha constante, tampoco un trabajo que las mujeres no puedan realizar.

El hecho que esta situación no sea atendida o inclusive “invisibilizada” en las instituciones de seguridad se debe principalmente a que las mujeres representan un número muy bajo entre los elementos adscritos.

Debido a esto, Tena Guerrero planteó la necesidad de hacer propuestas de una reforma al interior de las instituciones policiacas para cambiar las condiciones de vida de las mujeres desde una perspectiva feminista.

“No es posible –dijo– que el trabajo policial con la ciudadanía tenga un carácter confiable, mientras al interior de la institución no se desarrolle una cultura democrática y de igualdad, meta final de todas las miradas feministas.”