Abandonan Baja California por epidemia apática

Joaquín Bohigas Bosch/4Vientos

En los dos últimos años, los legisladores aumentaron en 412 millones de pesos el presupuesto del Congreso de Baja California, que hoy es el más caro del país. Esta cantidad es más que suficiente para tener en buen estado las maltrechas calles de todas las poblaciones del municipio de Ensenada, modernizar su infraestructura hidráulica y construir varios parques públicos. Pero se está usando para remunerar a la parentela y a personajes asociados a la campaña de Castro Trenti.

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Una organización civil, el Observatorio Ciudadano de Baja California, dio la voz de alarma. Exige “reducir los montos del Presupuesto de Egresos del 2013 del Congreso del Estado” y nos ha invitado a sumarnos a ésta elemental demanda, firmando una carta que ha circulado en los medios electrónicos. La firmé (fue muy fácil) y luego la envié a cerca de 500 personas, muchas con deslumbrantes grados universitarios. Me sentí un poco más a gusto conmigo mismo e imaginé que la lista de firmantes iba a explotar pues es mínimo el compromiso personal, toma muy poco tiempo adherirse a la carta y la causa y la exigencia son más que obvias. Luego de dos semanas, la carta fue leída y firmada por 364 ciudadanos. ¿Una marca histórica en el libro gris de la apatía?

Ignorancia o Apatia

Los políticos pueden estar tranquilos, el pueblo duerme.

La apatía es un estado de indiferencia, impotencia y pérdida de sentido o propósito hacia nuestra vida emocional, espiritual, física, laboral, social o política. Aislándonos, la apatía deteriora los grupos sociales de los que inevitablemente formamos parte: la familia, el centro de trabajo, el barrio, la ciudad, el municipio, el estado, la nación y la “aldea global”. Cuando es un fenómeno cultural, es un cáncer que afecta por igual al iletrado y al que presume las más altas distinciones académicas. La apatía es uno de los peores males de una sociedad que aspira a la democracia en su sentido más amplio.

Hace más de tres décadas vine por vez primera a Ensenada. Me impresionó su atmósfera relajada y segura, el fácil trato entre personas de distintas clases sociales y la actitud participativa de sus habitantes, cada uno orgulloso dueño y responsable de la próspera ciudad por la que se paseaba satisfecho. Esa gente libre y rebelde hizo que Ensenada fuera el primer municipio en el que ganó un partido opuesto al PRI, el Partido Socialista de los Trabajadores en 1983, favoreció a Cárdenas en las elecciones presidenciales de 1988 y eligió al primer gobernador de oposición en 1989. Cuando me establecí en 1988, rara vez se hablaba de homicidios o corrupción en la ciudad, los ensenadenses presumían de pagar puntualmente todos sus impuestos y colonias enteras hacían aportaciones extraordinarias para pavimentar sus calles. Quedan pocos ciudadanos como esos. Como si hubiera estado hecha de arena, esa Ensenada se nos escapó de las manos. ¿Cuándo sucedió?

Si atendemos a los porcentajes de participación en las elecciones para gobernador del estado, la empezamos a perder a fines del siglo pasado. En 1995, en Baja California votó el 62.9% del padrón electoral, poco más de 655 mil personas. Seis años después, la participación se redujo a 547 mil votantes o 36.6% de los electores. Desde entonces, Baja California es uno de los estados con mayor abstencionismo, síntoma inequívoco de desencanto generalizado hacia la política.

politicosFuimos los primeros en hacer efectiva la democracia electoral y los primeros en desengañarnos. La alternancia ha servido de muy poco. Del color que sea, los gobiernos siguen siendo malos. A pesar de ello, sin quejarse, una minoría sigue votando por el que le digan o por el menos malo. Pero la mayoría está harta. No vota, pero tampoco se queja. Porque tiene miedo. Porque no sabe como. Por conformismo. Por apatía.

En 1994, Emilio Azcárraga (el tigre) dijo que “México es un país de una clase modesta, muy jodida … que no va a salir de jodida. Para la televisión es una obligación llevar diversión a esa gente y sacarla de su triste realidad y de su futuro difícil”. Naturalmente, la diversión no saca a la gente “de su triste realidad”, pero si crea la ilusión de que ésta es llevadera y de que “su futuro difícil” es inescapable. Ni para que quejarse.

Deliberadamente, usan la industria del entretenimiento para fomentar el cinismo, el conformismo y la apatía. También lo hacen a través del gobierno y los partidos. Sobre todo en el poder judicial, la rama de gobierno más cara y corrupta del lamentable sistema político mexicano. Asimismo, desalientan la participación ciudadana con leyes e instituciones que no cumplen con sus objetivos declarados, ya sea porque son espejismos legales, como las leyes de participación ciudadana, o porque los funcionarios descuidan su trabajo intencionalmente, como sucede con el acceso a la información. A nivel local, crean organismos de consulta que son ignorados, como el COPLADEM, o inventan instituciones civiles de planeación que terminan en manos de intereses particulares, como el IMIP. Y como olvidar las sesiones de Cabildo de la era Mancillas, que se citaban a altas horas de la noche para evitar la presencia ciudadana. Pero es probable que la perversión de la democracia electoral, instrumentada a través de la industria del entretenimiento, partidos e institutos y tribunales electorales, ha sido la mejor y más siniestra manera de propagar el valemadrismo.

Pero nunca podrán erradicar la presencia ciudadana. Siempre habrán ojos vigilantes y voces de inconformidad. Esta minoría entiende que el mínimo e infrecuente esfuerzo de votar, la parte más visible de la democracia, nunca es suficiente para mejorar el sistema político y, más en general, nuestras condiciones de vida. Somos los que le exigimos al Congreso del Estado que nos devuelva nuestros 412 millones de pesos. No somos un chingo, pero estamos convencidos de que habrá ocasiones en que seremos más, muchos más.