Cuentos e historias para la ternura: El Caballo

Hoy comparto un cuento hermoso del cubano (nacionalizado mexicano allá por el año 2000) Eliseo Diego. Lo he tomado prestado del libro Cuentos a Caballo, compilación de otro cubano de nombre Enrique Pérez Díaz. Caballos como el aquí descrito hay muchos, lo interesante es encontrarlo, o la otra, ser como él.

 Cuauhtémoc Rivera Godínez/ A los Cuatro Vientos

Este cuento va dedicado para la bloguera Yoani Sánchez, quien con su reciente visita a México, con sus discursos sobre nuestro país y su democracia, su idolatría por Vicente Fox, sus imploraciones a Peña Nieto, con sus amigos senadores y diputados que la acompañaron en sus ilustrativas conferencias (dime con quien te juntas y te diré quién eres), su lenguaje corporal y su desvergüenza, ha hecho que mi admiración, respeto y amor por la Revolución Cubana se acreciente.

El caballo

 Hubo una vez un caballo que no era como los demás. Y no solo porque ni el mismo viento podía alcanzarlo si se lanzaba al galope, ni porque el león en persona le cedía el paso si lo encontraba en la llanura. Ni porque fuese tan blanco como la nube más blanca desde el hocico hasta la cola magnifica. Por ninguna de estas cosas, sino por otras que ya se verán.

Cuando arreciaba la sequía, y el hambre y la sed comenzaban a rondar los flancos de la manada, era él quien hallaba el vallecito oculto con el riachuelo y un poco de pasto aún. Y era él quien quedaba de guardia, y el último en correr y beber.

Y cuando el tigre, enloquecido por su largo ayuno, se arrojaba sobre una madre y su potrillo, rezagadas, era él quien acudía como brotando del aire, y erguido en toda su belleza terrible deshacía bajo los cascos al traidor.

Y el agua, y la yerba, y las flores de los campos y, en fin, la vida misma, llegaron a quererlo tanto por lo mucho que él quería a los demás, que una noche se le acercaron en sueños y, acariciándolo, cada uno le regaló su secreto y le dejó en recuerdo una señal.

Donde lo besó el agua quedó una huella azul, y donde la yerba, una verde, y donde la vida, una roja, y así con todos los infinitos matices de las flores del valle y la montaña.

Y cuando se incorporó con el sol, y alertó a la manada, todos supieron que nunca habría un caballo como aquel.

Porque al trotar destellaba como una joya con los reflejos de mil colores diferentes. Sí, destellaba como el mismo sol.

caballo colores

 

CUAUHTÉMOC RIVERA *Licenciado en Sociología con estudios en maestría (Facultad de Ciencia Políticas y Sociales de la UNAM). Director del Centro de Estudios de la sociedad mexicana “José María Rivera Álvarez”. Consultor en Desarrollo Político y Social. Analista político, escritor, cronista, fotógrafo y promotor cultural. Narrador Oral y recolector de historias, cuentos y cosmovisiones. Director de IMAGINA, Compañía de Historias, Cuentos, Música y Canto. México – Cuba.