Pesadillas en la infancia

La Habana. Para definir las pesadillas en la infancia bastaría quizás con decir que son el resultado de un mal sueño que produce fuertes sensaciones de miedo, terror, angustia o ansiedad, comento al iniciar el diálogo con la profesora Ana María Gómez García, especialista en Psiquiatría Infanto-Juvenil.

José A. de la Osa / Prensa Latina

Habría que destacar también, dice, que ocurren en la segunda mitad de la noche, generalmente después de las cuatro o cinco horas de estar dormido, provocando el despertar del niño, quien recuerda con lujo de detalles el sueño malo y puede considerar que lo soñado fue un hecho real.

La doctora Gómez, máster en Ciencias, es miembro del Grupo Nacional de Psiquiatría Infanto-Juvenil.

¿Se conocen las causas por las cuales se manifiestan las pesadillas?

–No. Existen hipótesis que plantean que ocurren por fallos en mecanismos del sistema nervioso encargados de la regulación de las diferentes etapas del sueño, propios de la inmadurez de éstos durante los primeros años de vida, y  son desencadenadas por factores estresantes, como, por ejemplo, un cambio de escuela o el nacimiento de un hermano.

¿Existen también factores de riesgo conocidos?

–En general debemos considerar factores de riesgo a todo tipo de manejo y situaciones que comprometan el número de horas necesarias de sueño y su calidad.

¿A qué edades se manifiestan? ¿Son frecuentes? ¿Afectan por igual a niñas y niños?

–Son cuadros muy comunes, que suelen presentarse hasta en un 30 % de los niños entre dos y seis años de edad y afectan más a las niñas.

¿Pueden calificarse de trastorno o ser incluso el anuncio de alguna enfermedad?

–No constituyen en sí mismas un trastorno. En caso de ser frecuentes, acompañarse de cambios en el comportamiento y el rendimiento escolar, pueden constituir avisos o señales de posibles afecciones neuropsiquiátricas o de otra índole, las que deben ser descartadas.

Una precisión: ¿Qué diferencias existen entre la pesadilla y el llamado terror nocturno?

–Son varias. Los terrores nocturnos ocurren durante la primera mitad de la noche y son más frecuentes en varones. Durante el episodio vemos al niño aterrorizado, agitado, sudoroso, con las pupilas agrandadas y su cara enrojecida. No reconoce a sus padres y al despertar no recuerda el episodio ocurrido.

¿Qué conducta adoptar con nuestros hijos cuando se producen con reiteración las pesadillas? ¿Cómo ayudarlos?

–Lo primero es lograr que nuestro hijo se calme, deje de sentir miedo y pueda volverse a dormir.  Para ello resulta imprescindible que estemos a su lado, a fin de lograr que se sienta seguro y protegido. Debemos explicarle que tuvo un sueño malo y por eso despertó asustado, reiterándole que lo soñado no va a pasarle en la vida real. Cuando se haya vuelto a dormir nos retiramos, y es útil mantenerle una luz tenue encendida y música suave con bajo volumen.

¿Es aconsejable que narren en detalle lo que recuerden del mal sueño?

–Sí, pero no inmediatamente después de la pesadilla, sino a la luz del nuevo día y preferiblemente a través de actividades como dibujar o escribir sobre el sueño malo. Posteriormente, sugerirle que imagine un final diferente para ese dibujo o cuento. Con su nueva obra no sentirá el miedo experimentado con el mal sueño, lo cual facilitará que comprenda que los sueños malos no son hechos reales.

¿Ante qué manifestaciones fundamentales considera debe pedirse ayuda profesional?

–Si son frecuentes, continúan después de los seis años, implican la posibilidad de que se lesione o lesione a otros, y si dificultan la realización de sus actividades diarias, debe consultar a especialistas en medicina general integral, pediatría, psiquiatría infanto-juvenil o neurología infantil.

¿Tiene tratamiento?

–Sí. Aplicando medidas de higiene del sueño, entre ellas: acostarlos a   la misma hora y evitar, un rato antes, la ingestión de productos con cafeína o cola y que vean o escuchen programas y cuentos terroríficos o de violencia. Si el niño necesitase ser valorado por algún especialista, éste determinará el tratamiento a seguir y si es necesario el uso de fármacos.

¿Hay niños con este trastorno que superan esos episodios sin requerir intervención médica?

–La mayoría de los niños que los presentan logran erradicarlos con el uso adecuado de las medidas de la higiene del sueño.

¿Se incrementan o disminuyen las pesadillas con el devenir?

Disminuyen con la edad. Su mayor frecuencia se produce entre los 5-6 años, tendiendo a desaparecer en la adolescencia o extenderse a la vida adulta como parte del cuadro clínico de otros trastornos.