El "candidato narco" y la elección concertada

La guerra sucia en el proceso electoral de Baja California se desató. El pasado domingo 10 de marzo, en el diario El Universal, el columnista Ricardo Alemán escribió un texto que tituló «El candidato narco», en donde describe cómo el ex gobernador de Baja California y actual senador de la República Ernesto Ruffo Appel aseguró que el candidato del Partido Revolucionario Institucional a la gubernatura de nuestra entidad, licenciado Fernando Castro Trenti, estuvo ligado con el tráfico de armas y droga, y que él lo denunció ante las instancias federales sin éxito. El 14 de marzo por la noche, el comisionado del gobierno federal para el diálogo con los pueblos indígenas, Jaime Martínez Veloz, entregó A los Cuatro Vientos un escrito en donde critica al ex mandatario estatal y lo reta a sostener un debate en torno al tema. A continuación, presentamos a los cibernautas el texto íntegro de esa carta y posteriormente reproducimos la columna de Ricardo Alemán que dio origen a la respuesta de Martínez Veloz:

Carta Abierta (Por la vía de mientras)

Sr. Ernesto Ruffo Appel

PRESENTE

En el refranero popular mexicano es conocida la frase de “¡allá va el ladrón, atrapen al ladrón!», como aquella que es pronunciada por un verdadero ladrón para distraer y desviar la atención de sus perseguidores. Otro dicho de la sabiduría popular indica que “el león cree que todos son de su condición”.

A principios de esta semana una columna de un diario nacional, publica unas temerarias declaraciones suyas, al acusar a Fernando Castro Trenti, de ser el “Candidato Narco”.

Al preguntarle el periodista sobre el sustento de sus acusaciones, usted responde, “que es su palabra” lo que sostiene sus dichos y que en estos casos, “cuando eres Gobernador y haces un señalamiento de esta naturaleza no te dan recibo”.

Al margen de que un ataque de esta naturaleza, expresa la poca monta de quien acusa sin pruebas y la desesperación por retener un poder, que se les escapa de las manos, yo quisiera preguntarle:

¿Qué clase de Gobernador fue usted que públicamente reconoce que ante un hecho tan grave como el que señala, sus acusaciones ante las autoridades correspondientes, las hacía de palabra y no mediante los procedimientos, que en estos casos la ley establece?

No cabe duda que la ignorancia es atrevida, pero en este caso, adquiere un cariz patético, que explica el desbarajuste de su Gobierno y el disparo de la inseguridad, la violencia y la consolidación del crimen organizado durante su mandato. Ahí están las cifras oficiales.

La documentación del involucramiento de sus familiares, amigos, socios y funcionarios de su gobierno con los narcotraficantes es abundante. Su gobierno recibió acusaciones al por mayor de estar vinculado con el crimen organizado: charolas, credenciales, favores, complicidades, negocios y apoyos recibieron los criminales durante su administración.

Múltiples  son  las  noticias  y  están  por  todos  lados –basta una simple consulta en internet- de que su Gobierno y su figura, pasaron negativamente a la historia y en las que quedó escrito que  usted y los suyos de coaligaron con el sector más nefasto y corrupto de la sociedad bajacaliforniana.

Baja California no es un estado cualquiera para el PAN. Es su estado emblemático, en el que “ganó” por primera vez una gubernatura y desde donde inicialmente se posicionó para el asalto al poder que lograría en 2000 Vicente Fox. Es, por así decirlo, la joya de la corona de los panistas.

No es extraño que usted intervenga. Su interés no se debe sólo a que fue el primer gobernador de oposición en el país y le disgustaría que se perdiera esa posición; su interés fundamental es que podrían verse  afectados sus multimillonarios negocios, entre otros el de Punta  Colonet o su papel de encomendero y de coyotaje, de donde ha obtenido pingües ganancias, gracias a los negocios realizados al amparo del Gobierno del Estado. ¿Ha cuanto ascendió el porcentaje que obtuvo por el llamado crédito japonés, que usted tramitó con Mitsui para el Gobierno de Baja California?

Según un reportaje de Javier Cruz Aguirre referente a usted, publicado en el Semanario Zeta de Tijuana, “pasó de ser consultor de empresas trasnacionales interesadas en invertir en Baja California, a empresario con intereses económicos personales en los desarrollos que él impulsa empleando su privilegiada posición política».

En el citado reportaje se menciona que el licenciado Alfonso García Quiñones, abogado de diversas compañías inmobiliarias y ex consejero estatal del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública, expresó  que  “Ernesto Ruffo está actuando como lo que políticamente fue y es: Explota sus relaciones públicas como ex gobernador, como ex comisionado comercial fronterizo y como panista distinguido. Antes a eso le llamaban ‘coyotaje’, hoy es ‘lobby’ (cabildeo), aunque tal parece que de mediador, de gestor, pasó a participar directamente en los negocios que él promueve. Esto ética y moralmente es reprobable…”

Todo lo anterior parece haberlo olvidado, Sr. Ruffo, en su ataque a Castro Trenti.

Con estos antecedentes cabría preguntarle:

¿Qué autoridad moral tiene para realizar, sin más prueba que “su palabra”,  una acusación en contra del candidato del PRI a gobernar Baja California, cuando a usted se le vinculó en su momento con un cártel del narcotráfico?

¿Qué autoridad moral tiene cuando las estadísticas no mienten y demuestran que la violencia se ha venido incrementando a los primeros sitios a nivel nacional durante los gobiernos panistas en Baja California?

¿Qué autoridad moral tiene cuando datos del INEGI a 2010 ubican a Baja California como el primer lugar en sentenciados; el primero en actos ilícitos con armas; el primero en robo de vehículos; el primero en daños a los bienes ajenos; el primero en comercialización de autos y autopartes robadas; el primero en sentenciados por narcóticos; el primero en sentenciados por actos ilícitos con armas; el primer lugar en delitos por peligro de contagio y propagación de enfermedades y el segundo lugar en delitos de tráfico de indocumentados?

Sus declaraciones enturbian seriamente el proceso electoral en un estado que hoy exige paz social, pero en el que su partido está dispuesto a realizar la peor guerra sucia con tal de no perderlo.

Por otra parte, en el citado artículo se considera como pactada de antemano la elección en Baja California en favor del PAN, a cambio de mantener el apoyo de ese partido al Pacto por México. Nada más alejado de la realidad.

Aquí, es de valorarse que en el Gobierno Federal ha demostrado que nadie está por encima de la autoridad del estado; por lo que difícilmente las autoridades se prestarían a un chantaje de esta naturaleza. Antes bien, sería un momento oportuno para consolidar la democracia y erradicar las “concertacesiones” que tanto daño causaron al país años atrás.

Sea como fuere, sería mejor que usted se mantuviera al margen del proceso electoral y se dedicara más a sus negocios, aunque esto pareciera no ser posible ya que tiene demasiados intereses que cuidar y por lo tanto, demasiados miedos, que lo hacen decir ocurrencias –por llamarles de alguna manera- para conservar sus canonjías, aunque en este caso tal parece “que fue por lana y salió trasquilado”.

Para cualquier aclaración de lo que aquí se escribe, estoy dispuesto a debatir por si desea refutar alguna de las consideraciones expresadas en esta misiva. El debate puede realizarse en el horario que usted disponga, solo le pido que lleve consigo el documento en donde se haga constar que usted renunció a su ciudadanía norteamericana ante un oficial de algún consulado de Estados Unidos de Norteamérica, tal y como lo exige la leyes del país vecino.

Atentamente: Jaime Martínez VelozTijuana, Baja California, a 15 de Marzo de 2013.

El candidato narco

Ricardo Alemán

ERNESTO RUFFO ENTREVISTALa guerra por la elección de Baja California –entre el PRI y el PAN–, arrancará con un potente misil que pondrá a prueba no solo al «nuevo partido tricolor», sino a su jefe máximo, a Enrique Peña Nieto.

Y es que uno de los activos más reputados del PAN en aquella entidad, el ex gobernador y hoy senador de la república, Ernesto Ruffo (en la foto, a la izquierda), acusó al diputado con licencia y candidato del PRI al gobierno de Baja California, Fernando Castro Trenti, de traficante de armas y de haber mantenido vínculos con el crimen organizado.

El senador Ruffo –y un sector del PAN bajacaliforniano–, tienen lista una estrategia mediática para denunciar a Castro Trenti –a quien motejan como «El Diablo»–, porque hace casi dos décadas el Ejército mexicano lo retuvo como presunto responsable de tráfico de armas y droga.

El ex gobernador reveló a este espacio que en repetidas ocasiones él mismo –»en mi calidad de mandatario de Baja California»–, denunció ante funcionarios federales y ante la Secretaría de la Defensa, las actividades presuntamente ilegales de Castro Trenti. Sin embargo, «siempre recibió protección oficial».

¿Y qué pruebas tiene?, se le preguntó:

–Mi palabra… Cuando eres gobernador y haces un señalamiento de esa naturaleza, no te dan recibo–, dijo irónico.

Explicó que su gobierno probó y entregó las evidencias de actividades ilícitas en las que participaba Castro Trenti –hoy candidato del PRI al gobierno de Baja California–, y que en el gobierno federal «nunca hicieron nada».

Ernesto Ruffo explicó que Castro Trenti estaría involucrado en tráfico de armas y drogas. Y con esos antecedentes –un misil de alta potencia–, el PAN arrancará lo que llama «el rescate de Baja California»; entidad que, según el PRI, volverá a manos del tricolor.

ELECCIÓN PACTADA.

Pero lo anterior es apenas una pequeña parte de todo lo que se esconde detrás de la estratégica elección de Baja California –que se llevará acabo el domingo 7 de julio–, y en donde la pelea se dará entre el PAN en el gobierno local y el PRI en el federal.

Sin embargo, son muchos los indicios de que igual que ocurrió hace casi un cuarto de siglo, la de Baja California pudiera terminar en una elección pactada. ¿Por qué?.

Casi nada, porque si lo vemos desde la lente de la estrategia política, para el gobierno de Enrique Peña Nieto es más valioso y mucho más rentable mantener vivo el Pacto por México –y avanzar en las grandes reformas para el país–, que recuperar para el PRI una entidad como Baja California, por estratégica que sea.

Y sí, se pudiera repetir la historia que inició en julio de 1988 y que terminó con un pacto político entre el PAN y el gobierno de Carlos Salinas –en 1989–, en donde la moneda de cambio a favor del partido azul fue, precisamente, el gobierno de Baja California.

LA HISTORIA.

Pocos recuerdan –y muchos no saben–, que Baja California es una entidad cuyas elecciones estatales –al ser la primera contienda electoral luego del cambio de gobierno federal–, suelen ser monedas de cambio.

Y es tal el valor estratégico que se puede confirmar que el resultado electoral de esa entidad se condicionó, en dos momentos, a sendos pactos políticos; el de Carlos Salinas con el PAN de Luis H. Álvarez –en 1988–, y el que firmaron el PRI, PRD y PAN, a la llegada al poder de Enrique Peña Nieto.

Más aún, buena parte de los ciudadanos de a pie desconoce que el modelo del pacto acordado entre el PRI de Salinas y el PAN de Álvarez en 1988 –y que, al final llevó al PAN al poder–, es idéntico al Pacto por México que luego de julio de 2012 armaron el PRD de «Los Chuchos», con el PRI de Peña Nieto y al que, finalmente, se sumó el PAN.

Por eso, no es descabellado señalar que –igual que ocurrió en 1989–, la victoria de Acción Nacional en Baja California sea parte de los acuerdos políticos del Pacto y que, frente a esa realidad, el candidato del PRI, Fernando Castro Trenti, no sería más que «un bulto» al que habrían mandado a perder –sobre todo si se toman en cuenta sus antecedentes presuntamente delictivos–, igual que ocurrió en los tiempos de Salinas y Colosio –en julio de 1989–, cuando el PRI mandó a perder a la candidata Margarita Ortega, a la que dejaron sola para ser derrotada de manera aplastante por el azul, Ernesto Ruffo Appel.

LA GANANCIA.

En el fondo, el PRI y el gobierno de Peña Nieto resultarán gananciosos con una derrota electoral en Baja California y, al mismo tiempo, con la victoria del PAN. ¿Por qué?. Porque en la elección de Baja California se juegan centavos, frente a los pesos que significa el Pacto por México. Y si el PAN gana en Baja California, se fortalece la presidencia de Gustavo Madero y, al mismo tiempo, se afianzan el Pacto por México y reformas como la de medios, la energética y la fiscal.

También por esa razón se puede decir que el más agradecido de no haber sido parte de la utilería presidencial para apuntalar el pacto, debiera ser el precandidato del PRI y zar del juego en aquella entidad, Jorge Hank Rhon, quien ignorante de los juegos de poder de Peña Nieto, pataleó hasta el último momento para quedarse con la candidatura del PRI al gobierno de Baja California. ¿Y por qué debía ser el más agradecido?.

Porque ante la eventualidad de que Hank Rhon se hubiese impuesto como candidato del PRI a Baja California, el gobierno de Peña Nieto no sólo habrían dejado solo Jorge Hank Rhon, sino que se habría visto obligado a empujar su derrota. Al final, el zar del juego entendió que los acuerdos políticos mandaban que debía tirarse, a cambio de colocar a uno de los suyos en la segura alcaldía de Tijuana.

Sin embargo, y para disipar las dudas de los escépticos, vale recordar que la noche del 16 de noviembre de 1988 –en un multitudinario acto en el zócalo capitalino y ante el ex candidato presidencial del PAN, Manuel J. Clouthier–, Luis H. Álvarez anunció el pacto con Salinas, llamado Compromiso Nacional por la Legitimidad y la Democracia.

En pocas palabras, que el PAN legitimó al gobierno de Salinas, a cambio de una reforma electoral y de que el PRI «respetara» las elecciones estatales en puerta; la primera de ellas Baja California. ¿Y que creen?. Sí, que en julio de 1989 el PRI perdió la elección de Baja California, en tanto que el PAN ganó su primer gobierno estatal –con Ernesto Ruffo–, y Salinas no solo fue legitimado, sino que cumplió con la primera reforma electoral.

Hoy, a 25 años de aquel pacto entre el PRI y el PAN, y a 24 años de distancia de aquella elección, al PRI poco le importa ganar la elección de un estado como Baja California, frente al peso específico y la importancia del Pacto por México que, además, incluye reformas fundamentales para el gobierno de Peña Nieto y para el país.

Y todos saben que una de las cualidades políticas de Peña Nieto es, precisamente, que es un político que cumple su palabra: Y también por eso, en el PAN de Gustavo Madero saben bien que si Peña Nieto cumple –como ya cumplió con la Reforma Educativa–, su grupo político se podría llevar la primera victoria electoral el próximo 7 de julio, cuando Acción Nacional cante victoria en Baja California. Al tiempo.