¿Y por qué no una papisa?

Unas horas antes de que el argentino Jorge Mario Bergoglio asumiera el cargo de papa -con el nombre de Francisco I-, el doctor Doctor Álvaro de Lachica B., miembro en Ensenada de la organización social Alianza Cívica y colaborador de A los Cuatro Vientos, escribió el presente artículo, Por los conceptos que argumenta, presentamos el texto a nuestros cibernautas:

«¿Qué quiere decir que los 115 cardenales electores convocados allá en el Vaticano, tendrán que apurarse tantito y que contarán con menos de tres semanas para que el humo blanco, que ya esperan miles de fieles devotos abnegados, se eleve tímidamente desde el tejado de la Capilla Sixtina, anunciando finalmente, a trancas y barrancas, que Habemus Papa?

«Usted se podría preguntar, amable lector: ¿por qué un ateo tan fervoroso como yo, se ocupa de tan ñoños menesteres? Pero no dudará en coincidir conmigo que la historia de la Iglesia es muy atractiva, y el aroma a incienso de la casa de Dios no deja de ser intrigante.

«Mi intención es reflexionar acerca del hecho, que gracias a la decisión de Joseph Aloisius Ratzinger, tendrá lugar el famoso cónclave, en donde 115 Cardenales hombres de todo el mundo están reunidos para escoger el próximo hombre que tendrá la responsabilidad de ser el líder espiritual de aproximadamente 1200 millones de personas. Y es que, voltear la mirada hacia Roma por estos días y no ver en este siglo XXI, en el mundo occidental, ni una sola mujer dentro de ese selecto grupo, no resulta muy atractivo; sin ánimo de mostrarme como un irredento feminista o caer en una victimización de las mujeres, ni nada parecido.

«Las mujeres llevan décadas luchando de forma incansable por sus derechos en todos los ámbitos de su vida y la verdad, cuando volteamos hacia atrás, nos damos cuenta que ha sido un camino largo y sinuoso ¿que ha dado sus frutos? sin duda. Han pasado, de exigir el acceso a una cierta educación no formal; por el movimiento sufragista en 1848; hasta la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Pero ese camino, lamentablemente, les sobran kilómetros y recorrerlo debe ser tarea de todos y no de unos pocos, porque la discriminación fortalece la desigualdad y eso no perece ser un buen referente moral.

«La Iglesia Católica, está compuesta mayoritariamente por mujeres; alrededor de un 61 porciento, por un 39 porciento de hombres, y sus ministros, entre sacerdotes, obispos, religiosos y diáconos, todos son varones, que son los que tienen el poder y la toma de decisiones, se ejercen de manera exclusiva por ellos, lo que ubica a la Iglesia en una época remota, prisionera de una concepción negativa de la mujer, la cual, tiene la obligación de enmendar para estar en armonía con una sociedad que reconoce el derecho a la igualdad y a la no discriminación y así, continuar siendo, como ella misma se definió en el Concilio «Lumen Gentium» (Luz de las gentes). Porque la presencia de las mujeres en el mando de la Iglesia, lejos de empobrecerla, la enriquecería positivamente.

«En este momento, la iglesia católica está pasando por una encrucijada muy seria. El número de feligreses no cesa de disminuir. Y los escándalos financieros y sexuales no pueden no hacer mella en las convicciones, la estructura y la estrategia de las cúpulas eclesiales. A estas alturas todavía ignoramos del todo la causa de que Benedicto XVI se haya decidido renunciar al cargo. En esta coyuntura los responsables eclesiásticos se han visto tentados a cerrar filas y a ponerles el pie a las pujantes corrientes renovadoras y liberales, con fuerte apoyo de fuerzas laicas.

«No se puede corregir el pasado pero sí su futuro. El Vaticano, que vive en un mundo que no existe, se niega a enmendar su Biblia. De editar una fe de erratas de su Biblia Santa, el Vaticano pudiera dar un paso significativo hacia su reivindicación. En vez de perder el tiempo en una finalidad sin fin, la iglesia vaticana debería ocuparse de analizar la decadencia del sacerdocio contra reformista.

«¿Puede hoy alguna cultura, religión, situación política considerarse civilizada sin asumir la igualación sexual? ¿Puede dudarse que una organización o Iglesia irradia locura si discrimina todavía entre varones y no varones? La mujer se ha convertido en un nítido patrón de valor para fijar el grado de progreso. Las religiones pueden poseer sus peculiaridades doctrinales, litúrgicas, fiestas, pero no puede seguir manteniendo, sin arriesgarse al descrédito la postergación de la mujer.

«Dicen que al final, el tiempo siempre acaba poniendo las cosas en su sitio, esperemos pues, que ese tiempo esté llegando a su fin y la Iglesia inicie, de manos del nuevo Pontífice, los cambios necesarios para que las mujeres sean diferenciadas por sus virtudes y no por su género. Y que la Iglesia sea liderada, algún día -¿por qué no?- por una Papisa».