La caminata: Son nuestras hijas, no mercancía.

Ellas siguen caminado, no se cansan. Aquí van, en pleno Paseo de la Reforma de la Ciudad de México. Ellas son Juana, Bertha, Perla, Rosa, Luz, Irma, Silvia y Norma, ocho madres que vienen de Ciudad Juárez, del estado de Chihuahua; María e Irasema, dos madres del Estado de México y Doña Laura, del estado de Hidalgo. Ellas solamente quieren justicia para que sus hijas regresen a sus hogares.

Cuauhtémoc Rivera Godínez/ A los Cuatro Vientos

 Llevan años deambulando de oficina en oficina. Tienen el rostro marcado por la angustia, por la preocupación, por la rabia que causa la displicencia de las autoridades, las burlas de los gobernadores, las complicidades de quienes deben estar para servir a la sociedad, pero que en realidad están coludidos en la delincuencia organizada.

¿De dónde saca usted tanta valentía para seguir en esta búsqueda? Le pregunto a Doña María, del Estado de México. Ella me mira fijamente y me responde, con su voz bajita, pero firme, con el nudo en la garganta: “Del dolor”, e inmediatamente agrega “del dolor y de ellos”, y señala con su dedo índice a dos niños y una niña, esta última lleva entre sus brazos una cruz rosa que tiene un nombre pintado: Nadia.

“A mi Nadia la asesinó su marido y el hermano del marido, estuvieron presos pero el cuñado, de manera injusta, ya salió. No hay Justicia. Nadia me dejó de herencia tres tesoros. A su bebita y a sus dos hijitos. Ella tenía dos años, él otro tres y el más grande cuatro. Ya pasaron diez años y queremos justicia”. Doña María viste una camiseta que grita un mensaje: ¡No más feminicidios en el Estado de México!

Todas son mujeres sencillas, humildes, la mayoría de rostro moreno. De Ciudad Juárez vinieron solamente ocho de las cuarenta que conforman el Comité “No tuvimos el dinero para venir todas, pero vienen familiares de nosotras… nos venimos en una nave”. Ellas y sus familiares realizaron actividades como es el vender dulces en algunos cruceros de la ciudad y la venta de comida para recaudar dinero y pagar su traslado a la Ciudad de México.

El Comité de Madres y Familiares con Hijas Desaparecidas está integrado por familiares de mujeres desaparecidas. 36 de estas han sido desaparecidas, y cuatro han sido asesinadas, otras aún viven, como es el caso de Brenda Berenice García, la cual fue vista en un programa de televisión en Estados Unidos, ahí entre el público, sentada entre el auditorio. La familia informó inmediatamente a la PGR sobre ese acontecimiento, pero esta dependencia no movió un dedo.

Las madres siguen caminado, ahora dan vuelta en Paseo de la Reforma para tomar la calle de Río Pánuco y llegar para plantarse afuera de la casa de la representación del estado de Chihuahua en la Ciudad de México. Ahí hacen un mitin y la señora Silvia Banda da lectura a un  pronunciamiento. Decenas de muchachos y muchachas las acompañan. Muchachas con banderas lilas, con letreros reivindicando su derecho a vivir en libertad, a no ser asesinadas, a caminar libremente por las calles de este país.

Los policías del gobierno perredista del DF resguardan la casa de la representación. Son pocos, pero ahí están, como si las madres y los muchachos y muchachas fueran un peligro, una amenaza. Un hombre con un radio en la mano, pregunta a las madres, “¿Nos van a entregar un pliego petitorio? ¿En dónde está su pliego petitorio?” Las madres callan y una de ellas le dice “No, no les entregaremos una vez más nuestras peticiones, hace años que se las dimos.”

La marcha sigue su camino y vuelve a tomar Paseo de la Reforma. Ahora se dirigen hacia la Secretaría de Gobernación. Siguen caminando, siguen en este inmenso e intenso peregrinar. Así lo hicieron en enero de este año, caminaron poco a poco con sus pies cansados desde Ciudad Juárez a Ciudad Chihuahua en La Marcha por la Vida. Anduvieron 390 kilómetros, distancia que en automóvil se recorre más o menos en unas cuatro horas, y ellas lo hicieron en siete días, andando por el desierto a temperaturas bajo cero, sin ropa de abrigo, ni calzado apropiado, con alimentos que se agotaron rápidamente y sin dinero. Caminaron con su dolor, su amor y su valentía con la esperanza y la exigencia de justicia.

«No sé qué irá a pasar, pero aquí vamos. No llevamos nada, vamos a la deriva como nuestras hijas cuando desaparecieron..” declaró a la prensa en aquella ocasión Doña Bertha, mamá de Brenda Berenice Castillo García quien desapareció el 6 de enero de 2009 a los 17 años de edad.

Caminaron cientos de kilómetros y al arribar a la Ciudad de Chihuahua el gobernador Duarte no tuvo tiempo para atenderlas. Las mujeres desaparecidas y asesinadas no tienen lugar en su agenda. Y menos si son mujeres pobres, sencillas, humildes, mujeres de abajo.

Y ellas siguen caminando con sus letreros y con los retratos de sus hijas. Las fotografías muestran los rostros de las niñas y mujeres secuestradas. Flor Gómez, maestra asesinada en la sierra de Chihuahua en el año 2009. Nadia, asesinada en el Edomex por su marido y su cuñado, aún no hay justicia. Gabriela Espinosa, 19 años, secuestrada el 8 de marzo del 2011. Un niño lleva en sus manos un cartel con una foto de una mujer morena, de pelo negro, ojos negros. Ella se llama Brenda Berenice Castillo,  fue secuestrada el 6 de enero de 2009 a la edad de 17 años. El letrero grita ¡Esta es mi mami!

Jocelyn Calderón, tez morena, cabello negro, corto, lacio. Secuestrada  a la edad de 13 años tras recibir una invitación por Facebook a una fiesta y citarla en la catedral de Ciudad Juárez. Claudia Antonia Núñez, 32 años, desapareció desde el 27 de agosto del 2007 en el kilómetro 30 de la carretera a Casas Grandes. Durante la Caminata por La Vida, su madre declaró a la prensa “Salió de la casa a encontrarme a la ruta; yo iba a llegar a las 5:00 de la tarde, era tiempo de calor… yo llegué en la ruta, pero ella no estaba”, “Dejó dos hijos, la niña tenía 10 años y ya cumplió 15 y el niño tenía cinco años y ya cumplió 11”.

Patricia Jazmín Ibarra, nació el 21 de marzo de 1993 y fue secuestrada el 7 de junio del 2011 en la calle 16 de septiembre en Ciudad Juárez a sus 18 años de edad. Ella es morena, pelo negro, ojos grandes negros. Su madre es  Rosa María Apodaca, lleva su fotografía en el pecho y en la espalda. Rosa María camina por Paseo de la Reforma mientras nos cuenta que ha caminado y caminado “y nada, el gobierno no nos resuelve nada, no hace su trabajo, pero hay que seguir porque las vamos a encontrar”.

Esmeralda Castillo Rincón, 14 años, desaparecida el 19 de mayo del 2009. Sus padres José Luis Castillo y Alicia Rincón, han declarado a la prensa que el 21 de octubre de 2011 una persona les aseguró haber hablado con Esmeralda, quien le informó que sería trasladada a la Ciudad de México, a un lugar llamado La Merced. El testigo dijo que la menor le había dado su nombre y datos para poder avisar a su familia. Los padres de Esmeralda aseguran que no existe ninguna constancia de que las autoridades de Chihuahua hayan seguido esta pista, por lo que ellos decidieron venir a la Ciudad de México con sus propios recursos para buscar a su hija, así como para pedir ayuda a las autoridades y los medios de comunicación, dado que ya no confían en la Fiscalía de Ciudad Juárez.

Jessica Ivonne Padilla,  a sus 17 años fue secuestrada el 7 de julio del 2011. Idali J. Laguna, secuestrada el 23 de febrero del 2010 a la edad de  19 años. Nancy Ivet Navarro Nuñez, desaparecida el 13 de julio de 2011 a los 18 años. María de la Luz Hernández, 1.70 de estatura, delgada, 18 años de edad y desaparecida el  26 de septiembre del 2011. Un retrato muestra a una niña de 17 años sonriendo angelicalmente, ella es Lilia Alejandra García Andrade, y unas letras señalan; “A doce años de tu asesinato”, el gobierno de Chihuahua aún no resuelve el caso.

Una lona de fondo amarillo nos muestra el rostro de una mujer morena cargando a su hijo. Ella es Maricela González Vargas, desaparecida el 26 de mayo del 2011 a la edad de 24 años cuando salió de visitar a su hermano en el Cereso de Ciudad Juárez. “Nunca más regresó, pero la seguiremos buscando”, nos dice su madre, Doña Irma, quien se ha hecho cargo de los tres nietos, hijos de Maricela, Keyla, de un año, Kevin de tres, y Bryan, el mayor, de seis años.

Entre varias damas muestran una lona con el rostro de diversas mujeres. Ahí está Digna Ochoa, abogada de los de abajo, asesinada durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador en la Ciudad de México y que la Procuraduría capitalina concluyó que Digna se había suicidado de varios disparos.

Una mujer delgada carga un cartel que tiene dibujada una cruz de color rosa con letras que anotan; Mariana Lima. 29 años. Movimiento contra el feminicidio. Una muchachita, que se cubre el rostro con un paliacate negro, muestra una fotografía de una muchacha joven sonriendo, tiene el pelo castaño y los ojos grandes, su nombre es Flor Alicia Gómez López, maestra rural en el municipio de Tomochi y que fue asesinada el día 28 de noviembre del 2009 por un grupo de sicarios en la sierra de Chihuahua.

También vienen marchando los familiares de Laura Pérez de León. Sus padres Rubén Alejandro Pérez Vilchis y Laura Olivia de León Caballero, cargan una manta que reza; Laura no está en venta, tiene familia, ¡¡ entréguenla!! La señora Laura porta un cartel con la foto de su hija y anota: Nunca te abandonaremos, ellos te robaron. Te extrañamos mucho, mucho, mucho…”, al tiempo que porta una camiseta que señala: “Sí tienes familia, tus abuelitos, tíos, padres, hermanos y amigos te estamos esperando”. Don Rubén nos platica sobre el secuestro de su hija por parte de los Centros de Atención a Víctimas (Cavi) del estado de Hidalgo, y nos entrega un papel con las direcciones electrónicas de los reportajes y notas informativas del caso de su hija y el video que han colocado en youtube. “Ellos quieren vender a mi hija en adopción”, acusa.

Las madres siguen caminado por Paseo de la Reforma, al llegar a la calle de Bucareli, enfilan hacia la Secretaría de Gobernación. Ahí nuevamente realizan un mitin. Hablan, piden justicia, recuerdan a sus hijas. Caminan, caminan y siguen caminado con valor y dignidad, que nacen de su amor y de su dolor. La tarde anochece, ya son alrededor de las 18.00 horas. Las fotografías y letras siguen caminando: Mónica Yanet Valenzuela Banda, desaparecida en agosto del 2010 a la edad de 18 años. Su madre Silvia, viene marchando acompañada de su nieto e hijo de Yanet. Doña Silvia ha colaborado aportando datos para la detención de los asesinos de Yanet, pero las autoridades hacen caso omiso.

Isidra González, desaparecida en el año de 1995, hace 18 años, y de quien las autoridades aún no entregan ningún resultado. Beatriz Alejandra Hernández Trejo, desaparecida en el centro de Juárez el 27 de abril de 2010, a los 20 años de edad, cuando se dirigía a un entrenamiento laboral. Sus restos se entregaron a Ana, su mamá, en el anonimato, el domingo 13 de enero del 2013, sin que la Fiscalía anunciara el hallazgo como lo hace cuando se encuentra a una joven que se fue por su propia voluntad. Quedan sus huesos y sus dos niños: Irving Alberto, de 6 años y Kevin Alejandro, de 4. «Nunca esperé que me entregaran a mi hija en pedazos. Yo quería a mi hija viva, completa. Lo único que me están entregando son dos huesos, nada más… Una parte del fémur y otra de la cadera. El resto no lo han encontrado. Yo lo único que le pido a las autoridades es que no desaparezcan nuestras hijas. Se busquen vivas a las desaparecidas. Que se haga justicia. No es justo que estemos pasando esto, no es justo que le hagan lo mismo a otras mamás», declaró Doña Ana a la periodista española Judith Torrea.

María Guadalupe Pérez Montes, desaparecida el 31 de enero del 2009. Jessica Leticia Peña García, desapareció el 30 de mayo del 2010 a la edad de 14 años.

Días antes de salir de Ciudad Juárez hacia la Ciudad de México, ellas declararon: “Caminamos porque la justicia no llega, nuestras hijas siguen desaparecidas, las investigaciones no avanzan, y el problema del feminicidio y desaparición de mujeres sigue creciendo en nuestro Estado; tan sólo en los primeros días del año se han reportado más de diez desapariciones de jóvenes, la mayoría en la zona Centro de la Ciudad de Juárez.” Y agregaron “Marchamos al DF para pedir la solidaridad de todas las madres del país. No vamos a ver al gobernador, ni al presidente, vamos a manifestarnos en esta fecha de lucha tan importante.”

Y mientras las madres marchan las veo caminar con su valentía. Pero no veo a nadie de esa clase política mexicana que hace unas semanas aplaudieron a Peña Nieto por haber publicado la ley a favor de las víctimas, porque según dijeron, ellos apoyaban a los familiares. Tampoco veo a aquellas y aquellos “fighters freedom” que pertenecen a las ONGs, ahora denominadas Organizaciones de la Sociedad Civil, tampoco estuvieron las banderas de aquellos que pedían nuestro voto y prometieron la salvación en el país y en esta ciudad. Nadie de ellos o ellas para dar una sonrisa, tomar una fotografía, escribir una línea, dar el consuelo de las madres, nadie. Nadie de ellos y ellas. Las madres son de acá abajo y aquellas y aquellos solamente ven para arriba.

Y mientras las madres siguen en la caminata, recuerdo los datos recientes; Más de tres mil muertos en los primeros tres meses del régimen priísta. Ocho estados concentran 61% de los feminicidios que se cometen en México, los tres primeros estados en esta terrible tabla de posiciones son: 1 Estado de México, 2. Chihuahua y 3. Distrito Federal. ¿En dónde estarán las madres, padres, hermanos, hermanas, amigas, amigos de esas mujeres asesinadas en el Distrito Federal que no se ven sus fotografías, no se escuchan sus nombres, no se siente su caminar en estas calles?

Este caminar de las madres de Ciudad Juárez también me lleva a preguntarme ¿Qué relación habrá entre estos asesinatos y el crecimiento desmesurado de las fortunas de los millonarios mexicanos? ¿Habrá alguna relación?

Todo parece indicar que la Guerra de Calderón no concluyó con la salida de ese político de la residencia de Los Pinos, ni con la salida del PAN del gobierno federal.

Todo parece indicar que las muertes de todas estas mujeres y de aquellas cuyas familias no denuncian su desaparición y/ o asesinato, son parte de esa guerra en contra de la sociedad mexicana, guerra que, como hemos comentado en otros momentos, es parte de una estrategia política, planeada, promovida y ejecutada para romper el tejido social, empobrecer cada día más a los de abajo, enriquecer cada día más a los de arriba, someter a la sociedad al miedo y al terrorismo de Estado, y entregar al país a las grandes trasnacionales y a los Estados Unidos.

Mientras tanto, las madres de Ciudad Juárez siguen en esta Ciudad de México, poniendo ejemplo, mirándonos, siguen en su caminar, siguen en su dolor, en su valentía y en su esperanza. Es nuestro deber acompañarlas.

CUAUHTÉMOC RIVERA  *Licenciado en Sociología con estudios en maestría (Facultad de Ciencia Políticas y Sociales de la UNAM). Director del Centro de Estudios de la sociedad mexicana “José María Rivera Álvarez”. Consultor en Desarrollo Político y Social. Analista político, escritor, cronista, fotógrafo y promotor cultural. Narrador Oral y recolector de historias, cuentos y cosmovisiones. Director de IMAGINA, Compañía de Historias, Cuentos, Música y Canto. México – Cuba. Publicaciones recientes:  Palabra de Clouthier (Edit. AndraVal.  2008); Voces del Dolor, la valentía y la esperanza ( CESM Ediciones. 2011); Palabra  antigua, historias y cuentos (Editorial La Feria de los Sueños. 2012);  El Cacheo. (Editorial La Feria de los Sueños. 2012). Audiograbaciones:  Allá, donde la Tierra termina (Grabaciones La Feria de los Sueños. 2009);  Raíces Okán Tutu. (Grabaciones La Feria de los Sueños. 2013).