El salón de los sueños azules

En Caracas hay un lugar llamado El Salón de los Sueños Azules y ahí reposa en una urna de cristal el comandante Hugo Chávez Frías. Hasta ese lugar han llegado millones de venezolanos y antiimperialistas. También,  ante su silencio obligado, escuchó la juramentación de lealtad y revolución de los suyos. Su sucesor, Nicolás Maduro, recién designado presiente de la república encargado, jamás dudó en llamarse hijo del militar socialista y adelantó que su responsabilidad pública se pondría a disposición de la sociedad, a través de nuevas elecciones constitucionales.

Everardo Monroy Caracas/ A los Cuatro Vientos

El poder del pueblo, a decir de Chávez, es la verdadera divisa del cambio estructural de una nación. Sin embargo, ese militar de origen humilde, le aderezó a su proyecto de gobierno un credo de servicio mucho más radical y comprometido con los suyos: el socialismo bolivariano o una especie de marxismo cristiano, humanista y al servicio de los marginados y víctimas de la injusticia y segregación. Los mismos que en 1982 recibieron gases lacrimógenos, balas y garrotazos por protestar ante un gobierno entreguista al imperio estadounidense, al capital extranjero, entonces propietario absoluto del petróleo venezolano.

Esa realidad lacerante, permitió que Hugo Chávez y un grupo de militares patriotas, intentara derrotar al gobierno impuesto por falsas elecciones democráticas, pero ese intento falló y los insubordinados terminaron en la cárcel. Eso ocurrió en febrero de 1992. Aun así, dos años después, Chávez y los suyos, amnistiados por el presidente de la república entrante, optaron por la lucha electoral y en 1998 los venezolanos pobres, antiimperialistas y patriotas se allegaron del poder público y de sus recursos naturales.

Y lo primero que hizo Chávez al serle colocada la banda presidencial, fue iniciar un referéndum para crear una nueva constitución que le diera más poder político a los venezolanos y así terminara esa simulación democrática, a la usanza mexicana, que solo permitía legitimar la corrupción, el despojo de los bienes naturales, la codicia de unos cuantos y el latrocinio de unos legisladores y jueces venales. La asamblea constituyente fue una realidad y la nueva Carta Magna cambió el curso de la historia de ese generoso país de casi treinta millones de habitantes.

Chávez y sus patriotas trabajaron duro para sacar de la pobreza y miseria a más de veinte millones de venezolanos. Las fuerzas armadas dejaron de ser represivas y enemigas del pueblo. Por el contrario, se unieron a la causa, ante un liderazgo nacionalista y humanista, y desde 1998 al 2012 lograron sembrar de escuelas, clínicas y hospitales públicos a todo el territorio nacional.  En los 23 estados del país se edificaron escuelas de educación básica, media y superior, sin costo alguno para el estudiante, donde también se le alimenta de lunes a viernes. Los universitarios no necesitan pagar por aprender o para adquirir un libro. Lo mismo ocurre con los servicios médicos –desde una simple consulta hasta la operación más difícil y costosa–. Los patriotas, ante la posibilidad de que la burguesía saboteara la revolución con una falsa escasez de alimentos, abrieron cadenas comerciales para abastecer a la población de indistintos productos básicos, entre ellos carne, ropa y aparatos electrodomésticos.  Actualmente más de dos millones de ancianos reciben una pensión digna que antes de 1998 era inexistente.  Por otra parte, el gobierno bolivariano ha construido casi un millón de viviendas de intereses social y abierto infinidad de empresas administradas y trabajadas por los propios obreros.

Poco a poco, los desheredados de la tierra, los pobres y miserables, fueron tomados en cuenta y su voz llegó a ser escuchada en todo el mundo. Chávez y sus patriotas, a pesar de ser amenazados de muerte por el imperio estadounidense, inglés, israelí y español, salieron avante y cambiaron el curso de la historia de Venezuela, el Caribe, Centro y Sudamérica. El Socialismo del Siglo XXI, el verdadero sueño de Simón Bolívar, tomó rumbo y destino y se arraigo en la conciencia de los venezolanos.

La burguesía nacional e internacional, asustada por esos hechos contundentes, optó por organizar campañas de desprestigio y mentiras en el mundo. Diariamente su prensa siembra odio contra los patriotas venezolanos para intentar contener esa ola roja que parece consumirlos. El Fondo Monetario Internacional, donde se concentra el poder financiero de la burguesía rapaz, fue desechado por Chávez y sus Patriotas y eso la enloqueció y hundió en el rencor y la desazón. Sus préstamos criminales ahora saquean a otras naciones pobres con gobiernos proimperialistas, como ocurre en México, donde el 85 por ciento de territorio nacional ya está hipotecado a los Estados Unidos, Canadá, Inglaterra y España.

En México existen más de 50 millones de pobres y miserables, casi la mitad de la población del país, que tendrán que romper ese yugo. Sus verdugos, los titiriteros del actual gobierno federal y la mayoría de legisladores y jueces, jamás lograrán impedir que entre las filas del ejército mexicano o la sociedad civil surjan verdaderos patriotas humanistas que impidan más saqueos y asesinatos en la nación. La burguesía nacional e internacional, cobarde y esquizofrénica, ha inoculado miedo, vicios y mentiras entre la mayoría de jóvenes y campesinos a quienes posteriormente masacra con el pretexto de ser sicarios y terroristas.

La muerte física de Chávez, acaecida el martes 5 de marzo, en nada cambia el destino de los venezolanos y una parte importante de latinoamericanos. El socialismo del siglo XXI es una realidad que siembra esperanza entre quienes suponen que el sistema de vida de los millonarios del mundo es el ideal para lograr la felicidad plena. No es así, la verdadera felicidad está en servir y construir un mundo más igualitario, justo y sin violencia, donde nuestros hijos tengan sueños, amor a los suyos y tolerancia y respeto a otros credos, razas y géneros. En México, Lázaro Cárdenas, otro patriota y humanista, sembró ese espíritu social entre los desheredados de la tierra. En 1988 se hizo patente al derrotar en las urnas a la la burguesía enquistada en el PRI y PAN. Desgraciadamente, el IFE y las secretarias de Marina, la Defensa Nacional y Gobernación, estaban –como hasta ahora—en manos de la ultraderecha mundial y fue truncada la esperanza de un cambio estructural entre millones de mexicanos. Sin embargo, estoy seguro que muy pronto surgirá alguno sucesor ideológico de Lázaro Cárdenas del Rio y Hugo Chávez Frías y los equilibrios de poder favorecerán a los asalariados de todos los niveles, comerciantes e industriales honestos, militares, policías, indígenas, ejidatarios, amas de casa y estudiantes de escasos recursos económicos. La semilla de la esperanza ha sido sembrada… La verdad revolucionaria de los sueños azules no solo está en Caracas, sino en cada rincón de nuestra patria latinoamericana.