Cuentos e historias para la ternura: Mi quinto cacheo

Esta es una historia que escuché la mañana del viernes 16 de abril de 2010, al iniciar la sesión del Taller “El sentido de la Vida, mis Historias y mis Cuentos”, el cual impartía en la cárcel de mujeres de Santa María Chiconautla, en el Municipio de Ecatepec, en el Estado de México, acá en este país de nombre México.

 Cuauhtémoc Rivera Godínez/ A los Cuatro Vientos

Esa mañana, varias de las compañeras lucían cara de desvelo. Yo pregunté la causa de esa situación y una de ellas me contestó “Es que hubo cacheo”, y empezó a relatar los acontecimientos de la madrugada de ese día. A sus relatos se sumaron los de otras compañeras y decidimos grabar el relato de esas vivencias, y hoy aquí les presentamos por escrito.

Estas historias son el testimonio de cómo se vive en la cárcel, el trato que reciben las internas y el comportamiento de quienes se supone son autoridades y deben de guardar respeto irrestricto a los derechos humanos. Como dicen los que dijeron, no es lo mismo ser mujer de arriba y estar presa, que ser mujer de abajo y estar presa. La recopilación de ocho relatos los publicamos en el libro “EL CACHEO, ocho historias en la cárcel de Santa María Chiconautla”. Sí alguien desea el libro, con gusto se lo enviamos.

Espero que les enternezca esta historia.

Mi quinto cacheo

Bueno pues, soy Isabel. La realidad de las cosas es que yo vengo de traslado. He vivido cinco cacheos, de los cuales el primero para mí fue muy brusco porque yo me dormía exactamente en la mera puerta de Cuautitlán, en el penal de Cuautitlán, y cuando llegaron sorpresivamente, pues es un cuartito nada más, ¡imagínense! ¡Yo brinqué porque estaba acostada en la entrada y brinqué y me sobresalté tanto que mi corazón casi se me salía! Ese fue el primero.

El segundo fue en Barrientos y desgraciadamente, en Barrientos, fue muy denigrante, porque ahí si nos obligaron a todas, a todas, una por una a desnudarnos completamente. Eso fue denigrante, hubo mucha inconformación por parte de la población, y de alguna manera, llegó a oídos de Dirección General, vinieron, pidieron una disculpa, de alguna manera y dijeron que eso no volvía a ocurrir.

Legalmente no está establecido que se tenga que hacer de esa manera el cacheo. Entonces vienen única y exclusivamente por armas punzocortantes y por droga. Es a lo único que se tienen que limitar a llevarse. Independientemente de que no en todos los penales está autorizado, por ejemplo, como mencionaba la compañera, tener pinturas, tener perfumes, tener tintes, tener ciertas cosas que son permitidas, ajá, en distintos penales.

Finalmente el tercero lo viví aquí en Ecatepec. Igualmente me sorprendí muchísimo porque yo soy una persona enferma, de enfermedad crónica (padezco de hipertensión y padezco de diabetes). Entonces de alguna manera ese cacheo a mí me impresionó muchísimo porque yo estaba recién llegada, entonces, de igual forma, de donde quiera que uno llegue, cuando es de traslado, le empieza una desde el piso. Entonces, desgraciadamente siempre me ha tocado, ¡estar en la puerta!, y cuando llegan así como que tempestivamente, pues se sobresalta uno, y los nervios se posesionan de uno.

El cuarto cacheo lo viví también aquí mismo. De alguna manera ya no lo tomé tan a pecho, fue relax, se llevaron nada más cosas punzocortantes. Algunas si tuvieron algún problema en la situación de que se llevaron algunas otras cosas.

Pero todo también es en cuestión de qué tipo de personas vengan, porque por ejemplo, hay quienes se prestan pues para llevarse cosas, que hasta a la mejor una insignificancia, pudiera ser un…prendedor de pelo, que de madera, siendo que no es de aquí que es de Michoacán, se lo pudiera llevar de una compañera. Entonces hubo cosas así que de alguna manera fueron muy enfocadas.

Este quinto cacheo para mí fue sorprendente porque me agarraron como el Tigre de Santa Julia… ¡en el baño!

Yo acostumbro levantarme aproximadamente como a las 3 de la mañana y duré con diarrea 4 días, desde el día domingo. Nunca, nunca, como pepinos en la noche, y el día domingo comí pepinos: me comí 5 rebanadas ¡ni siquiera un pepino completo me comí!, como para poder haber dicho “bueno, pues satisfací mi gula de comer pepinos.” Pero estuve enferma casi 4 días, y bueno, pues obviamente, ¡imagínense!, me agarraron en el baño, como el Tigre de Santa Julia, ahí, ¿no?, haciendo del baño.

Yo oía voces, porque estamos muy cerca de donde está la entrada, la celda queda arriba y está a la entrada, y yo escuchaba muchas voces, como si alguien hablara fuerte y como si hubiera mucha gente, yo decía “¿qué pasa, qué pasa?”, yo soy sorda del oído derecho, entonces yo decía, trataba yo de ubicar el sonido para ver de dónde venía y saber qué era lo que estaban diciendo, pero no, no alcanzaba a escuchar bien. Cuando de repente empiezo a escuchar que empiezan a correr subiendo las escaleras pero a pasos agigantados, así, y se oía como subían, como subían corriendo, y dije “¡Cacheo!”. Inmediatamente todas se levantaron y “muchachas, viene el cacheo.” Yo en el baño todavía, bueno, pues ya nada más terminé de echarle agua y vas pa’ fuera.

Considero que de todas las compañeras de la celda, yo tengo poco tiempo de haber llegado ahí, escasamente unos 15 días, todavía no me relaciono bien con algunas de ellas, creo que la más afectada fui yo, porque mi cama sí definitivamente estaba patas pa’rriba; se llevaron un estuche de pedicure, pues obviamente con todos sus accesorios, no pude decir nada, porque pues está de alguna manera ilegal, son punzocortantes, pequeños, pero son punzocortantes, entonces como nuevamente vuelvo a mencionar no está permitido tener ese tipo de cosas en reclusión. Y… pues ellas vienen a hacer su labor, vienen a hacer su trabajo. Sí, algunas son pasadas de lanza, como dicen mis compañeras, e incluso una de mis compañeras, Marissa, gritaba por la puerta “¡perras, malditas, de eso viven, viven de nosotras!”. A ellas les gritaba, pero a grito abierto.

Todas escuchaban, porque todas escuchaban. Y entonces decía “¡Malditas, perras, viven de nosotros, hasta unos pinches cigarros se llevaron!”. Yo me reía.

Todavía estaban las custodias, andaban allá arriba. Entonces, sí hubo indignación por parte de la población obviamente, porque se llevaron muchas cosas que no estaban prohibidas y que de alguna manera, como menciona mi compañera Caro, fue dinero y fueron joyas. Sí, querían que nos desnudáramos, yo esperaba el momento, llevo 7 años en reclusión, y como vulgarmente dicen aquí, “ya nos la sabemos”, ya no tan fácilmente nos dejamos sorprender por quienes tratan hacer abuso de autoridad. Y obviamente yo esperaba el momento, como para poder decir “oigan, ustedes están mal. El reglamento interno de todos los Centros Preventivos no específica que ustedes tengan que desnudarnos, eso es denigrante, ¿no?”. Pero pues finalmente yo creo que el cacheo se llevó a cabo con bastante tiempo. Nuevamente vuelvo a reiterar que para mí fue dejarme toda mi casa patas pa’rriba, fui la última en acomodar, fui la última en terminar. Pero creo que todo esto es en base también para que de alguna manera se tenga cierto control, dentro de lo que es el Centro Preventivo de Readaptación Social, porque es una medida de cautela para que todas las personas que estamos recluidas tengamos un poco de seguridad.

-Cuauhtémoc: ¿Cómo le llamarías a tu historia?

Josefina: ¿Cómo le llamaría yo a mi historia? Le llamaría…Mi quinto Cacheo.

Cuauhtémoc: ¿No hay quinto malo?

Josefina: Yo creo que no. Definitivamente, ya no pienso vivir otro, eh, definitivamente.

 Los cuentos para la ternura son para leerlos, sentirlos, conmovernos y ver la utopía posible de un mundo en donde quepan todos los colores, los sueños y las ternuras.

 CUAUHTÉMOC RIVERA* Licenciado en Sociología con estudios en maestría (Facultad de Ciencia Políticas y Sociales de la UNAM). Director del Centro de Estudios de la sociedad mexicana “José María Rivera Álvarez”. Consultor en Desarrollo Político y Social. Analista político, escritor, cronista, fotógrafo y promotor cultural. Narrador Oral y recolector de historias, cuentos y cosmovisiones. Director de IMAGINA, Compañía de Historias, Cuentos, Música y Canto. México – Cuba. Publicaciones recientes:  Palabra de Clouthier (Edit. AndraVal.  2008);  La Voces del Dolor, la valentía y la esperanza ( CESM Ediciones. 2011); Palabra  antigua, historias y cuentos (Editorial La Feria de los Sueños. 2012);  El Cacheo.  Ocho Historias en la cárcel de Santa María Chiconautla (Editorial La Feria de los Sueños. 2012). Audiograbaciones recientes:  Allá, donde la Tierra termina (Grabaciones La Feria de los Sueños. 2009);  Raíces Okán Tutu. Cuentos afrocubanos. (Grabaciones La Feria de los Sueños.  2013).