Tepórame gran guerrero por la tierra y el espíritu rarámuris

Hace 360 años, el 4 de marzo de 1653, Gabriel Tepórame (El Hachero) guerrero y líder rarámuri (tarahumara) fue ahorcado por los españoles, con motivo de levantar y organizar la rebelión en contra los invasores que los despojaban de sus territorios y contra los misioneros que buscaban inculcarles o imponerles la religión católica española. 

José Alfredo Bermeo Reyes/ A los Cuatro Vientos

Tepórame o Tepocara “encabezó la tercera insurrección de la misma tribu –tarahumara- que estalló el tres de marzo de 1652 y el mismo día pegó sobre la Villa de Aguilar (cerca de lo que hoy es Basuchil), habiendo acabado con los defensores y destruido totalmente la población … la rebelión se extendió por toda la zona ocupada por los tarahumaras … pegaron a los pueblos de misión … muchos de los naturales que se habían alzado en las dos rebeliones anteriores, se vieron arrastrados por tepórame.”

Las rebeliones tarahumaras se extendieron por lo que se considera el valle y la cuenca del Río Papigochi (hoy Guerrero, Chihuahua.), donde después de destruir Villa de Aguilar, destruyó el pueblo de visita de San Lorenzo, continuó con la Misión de San Francisco Javier de Satevó y en seguida fue contra las misiones franciscanas de Santiago, Santa Isabel, San Andrés, San Bernabé, San Gregorio, San Diego y San Bernardino. A Tepóraca se unieron otros capitanes indios como Ochavari, Frasquito, Ternera, y Nicolasillo.

Los motivos de la rebelión de Tepórame y los raramuri, los confirma el misionero jesuita José Neumann (1730) al afirmar que “los indios estaban muy inconformes de que los españoles ocuparan sus tierras y “les parecía fácil fijar ahí su residencia, construir villas, edificar cercados para los animales … eran sumamente codiciosos , los movía la esperanza de encontrar en sus cerros minas de plata”.
Hacia 1653, los indios insurrectos son derrotados por la superioridad de las armas españolas o bien presionados por el hambre van volviendo a los pueblos. Tepórame es aprehendido cerca de Tomochi, es llevado a juicio y el 4 de marzo de 1654 es ahorcado. En los documentos del juicio quedó escrito que Tepórame no quiso confesión, ni conocer a dios y “que si acá ahorcaban, también él había ahorcado frailes y españoles.” Tepórame mantuvo su valentía, entereza y orgullo rarámuri hasta su ajusticiamiento por los militares españoles.

Tepórame es considerado un gran guerrero rarámuri, un gran combatiente, cuyas luchas fueron por el respeto a la tierra tarahumara y por resistir a la dominación religiosa de los misioneros y españoles. Se cuenta también de Tepórame su gran facilidad de palabra, su gran carisma y capacidad para el mando.
Tepórame sin duda representa la potente fuerza y capacidad del gran pueblo rarámuri ante la envestida de los españoles, y en la actualidad es también un recordatorio de que los pueblos rarámuri siguen luchando contra el despojo de sus comunidades por los empresarios del turismo en la Sierra Tarahumara y de resistencia ante el avasallamiento de sus tierras por compañías mineras extrajeras (inglesas, americanas). El espíritu de la lucha de Tepórame sigue siendo valido y motivador.

Placa en honor a Gabriel Tepórame

A trescientos sesenta años de la ejecución de Gabriel Tepórame (Teporaca), el Instituto Chihuahuense de la Cultura (ICHICULT), en colaboración con el Instituto Nacional de las Lenguas Indígenas, colocó una placa de bronce en la estatua que el líder indígena tiene en la capital del estado.

Enrique Servín/ A los Cuatro Vientos

Gabriel Tepórame "Teporaca", heroico guerrero rarámuri
Gabriel Tepórame «Teporaca», heroico guerrero rarámuri

Un amigo criticó la acción comentando que «mejor debería de dejar de explotárseles». Hay en esta crítica, por supuesto, mucho de verdad, pero también un error de perspectiva. La sociedad es compleja, diversa y multisectorial, y mientras algunos tratan de revalorizar las culturas y las lenguas indígenas, otros despojan a los tarahumaras de sus tierras y devastan sus bosques.

Uno de los factores que subyacen en el proceso de desplazamiento lingüístico es la llamada «ideología lingüística» ejercida por la mayoría mestiza, (ideas del tipo de «el tarahumara no es un idioma, es un dialecto»), que ejerce una gran presión cultural y psicológica sobre los hablantes y que justifica actitudes no sólo en las prácticas lingüísticas sino en las decisiones en los ámbitos educativo y administrativo. Los programas de creación de «paisajes lingüísticos» (así se llaman), y que tienen como finalidad dar presencia pública a los idiomas desvalorizados y contribuir a elevar su estatus cultural, no son un invento nuevo, ni son, por supuesto, ocurrencias mexicanas. Han sido utilizados como una estrategia eficaz en muchos países del mundo para revalorizar a los idiomas minorizados o en peligro de desplazamiento.

Pero fíjense qué interesante: cuando la gente ve en México un letrero en inglés no dice nada, pero cuando lo ve en tarahumar, inmediatamente hace cuestionamientos. Esto es muy notable en los campos menonitas, en donde los letreros en alemán o en inglés pasan desapercibidos por los mestizos, ya que al alemán o al inglés nadie les niega el estatus de «idiomas». ¿Qué subyace en el fondo de este tipo de reacciones? Esto es lo que habría que cuestionar.