El extravío “revolucionario” del PRI

Surgido el régimen mexicano de un movimiento armado inspirado en los ideales socialistas revolucionarios de los hermanos Flores Magón, Emiliano Zapata, Francisco Villa y otros próceres, bajo la presidencia efímera de Francisco I. Madero, el movimiento, con todas sus confrontaciones internas, propugnó por la justicia social y la democracia en contra de la dictadura porfirista (“tierra y libertad”, “la tierra es para el que la trabaja”; “sufragio efectivo, no reelección”).   

Raúl Ramírez Baena* / A los Cuatro Vientos

Una vez consumada la Revolución en 1929, con Plutarco Elías Calles en el poder, se crea el Partido Nacional Revolucionario (PNR), concebido como un partido de masas cuyo objetivo principal fue tutelar los derechos de los trabajadores del campo y la ciudad y unir bajo un sólo instituto político a todos los grupos y sectores obrero, campesino, popular y militar en pugna. Al mismo tiempo, se daba identidad a la nación mexicana.

En 1938, el Gral. Lázaro Cárdenas transforma el PNR en el Partido de la Revolución Mexicana (PRM), instaurando al mismo tiempo el sistema de partidos en México (a partir del movimiento Sinarquista y el surgimiento del Partido Acción Nacional, con ideologías opuestas a las que inspiraron la Revolución de 1910), nacionalizando la industria petrolera, concretando el reparto agrario e instaurando la educación pública y socialista.

En 1946, el PRM se convierte en Partido Revolucionario Institucional, dando inicio al período de recambio de los viejos cuadros militares revolucionarios por políticos egresados de las universidades públicas, como Adolfo López Mateos, que en 1960 nacionaliza la industria eléctrica. A partir de 1982, políticos educados bajo la influencia de las universidades privadas norteamericanas de corte neoliberal gobiernan el país hasta el año 2012. En este período destacan las represiones estudiantiles de 1968 y 1971, la firma del TLCN en 1992 y el asesinato de Luis Donaldo Colosio en 1994.

Como valor agregado, el régimen priísta instituyó en México el presidencialismo como forma de gobierno (la “dictadura perfecta”, diría el escritor Mario Vargas Llosa); el Partido de Estado que hoy goza de cabal salud. Mejor que en sus mejores tiempos.

El regreso

Despojado ya de su origen “revolucionario”, destacando su relación con los principales monopolios mediáticos, el grupo político-económico llamado PRI teje todo tipo de estrategias, alianzas y compromisos políticos y económicos con los poderes fácticos del país y del exterior para lograr su anhelado objetivo: recuperar el Poder.

Los estrategas del PRI planificaron el progresivo control de las legislaturas, de los órganos públicos autónomos como el IFE, el IFAI, la CNDH y los organismos estatales de derechos humanos; de periodistas y medios de comunicación, ONG’s, empresarios, etc., teniendo como principal activo las cuotas de poder. Crean aún en la oposición, una nueva cultura de cooptación que deja aisladas a las fuerzas progresistas y democráticas.

Para garantizar su regreso el PRI derrocha recursos y negocia las reformas neoliberales con el capital financiero internacional a cambio de su apoyo para llegar a la presidencia, abandonando las políticas revolucionarias y populares que le dieron origen.

Las prisas del PRI

En menos de tres meses, el regreso del PRI no podría ser más espectacular: El 1º. de diciembre del 2012 se reprime a los integrantes del #YoSoy132 que protestaban por la asunción de Peña Nieto, se firma el Pacto por México por las tres principales fuerzas políticas, se concretan las reformas para desaparecer la SSP y trasladar a la Segob sus funciones creándose la Comisión Nacional de Seguridad, se aprueban la Reforma Laboral y la Reforma Educativa, se apresa a Elba Esther Gordillo (acción que no incluye la democracia sindical, la transparencia, la rendición de cuentas, la mejora en la calidad educativa y el esclarecimiento del crimen de Misael Núñez, y que no contempla la detención de otros íconos de la corrupción priísta), se alinea a todos los gobernadores para el control de daños, se apuntalan las reformas Energética y Fiscal mediante el cambio de estatutos del PRI para votar en el Congreso por la inversión privada en Pemex y la CFE y aplicar IVA a alimentos y medicinas (“las necesarias reformas estructurales que el país necesita”, “la ‘modernización’ de México”, dicen), y se aplican puntualmente los “gasolinazos” calderonistas. ¿Qué sigue? Hay 6 años para el control de daños.

Y lo que falta. En lista inmediata y a pesar de las promesas de campaña,[1] están el aumento a las tarifas eléctricas y a los combustibles,[2]  la creación del Mando Único Policial (aspiración de los gobernadores de más poder político y recursos, quitando a los alcaldes el mando de las policías municipales, no así el pago), la Gendarmería Nacional (8 mil soldados y 2 mil marinos más) y el Centro Nacional de Inteligencia, proyectos diseñados, según, para combatir la delincuencia y la corrupción pero que no asumen compromisos firmes con el respeto a los derechos humanos y no se abren a la consulta y evaluación de la sociedad.

En contraparte y a pesar de que la violencia criminal y la inseguridad no ceden y el ejército y la marina continúan en labores de seguridad pública, se modifica la estrategia mediática de exhibición de capos, se despliega un afinado discurso de derechos humanos para consumo interior y exterior dado el legado de abusos graves heredado, se firma el decreto sobre la Ley de Víctimas que rechazó Calderón y se incluye en la administración pública federal a connotados personajes de la izquierda, el PAN y la sociedad civil.

Por lo pronto y para sacarse la espina clavada, el PRI va con todo en este año para recuperar la simbólica gubernatura de Baja California, en manos del PAN durante 24 años.

Es “el nuevo PRI” que, en congruencia, debería ya de cambiar de nombre.

[1] http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=vInktOMb6vU

[2] http://www.eluniversal.com.mx/nacion/204410.html

RAUL RAMIREZ BAENA*Director ejecutivo de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste