Quinazo, venganza y maniobra política

Hace 24 años, cuando Carlos Salinas de Gortari era fuertemente cuestionado por su ascenso a la presidencia de la República tras un impugnado proceso electoral calificado como fraudulento, el priísta ordenó la aprehensión del líder sindical petrolero Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, hecho que mediáticamente fue manejado como un acierto del deslegitimado mandatario.

 Olga Alicia Aragón/ A los Cuatro Vientos

peña y salinas

El periódico español, El País, publicó entonces dos interesantes artículos de Antonio Caño, que describían con agudeza el trasfondo de este hecho sin precedente en la historia del sindicalismo mexicano. Ahora, quizá el alumno, Enrique Peña Nieto (electo en unos comicios también fuertemente cuestionados), está siguiendo un guión muy bien elaborado por su maestro.

 He aquí los textos publicado en enero de 1989 por El País:

 El ‘caso La Quina’ confirma la voluntad de Salinas para democratizar México

Antonio Caño

México 13 de enero de 1989

 Con la detención del líder sindical Joaquín Hernández Galicia, La Quina y 49 de sus colaboradores, el presidente mexicano, Carlos Salinas de Gortari, pone en práctica, antes y más contundentemente de lo que nadie podía pensar, su voluntad de democratizar el país. Su decisión difícilmente puede ser interpretada como un ataque al movimiento obrero, sino como la eliminación de una de las peores lacras del sistema mexicano.

[Las autoridades mexicanas informaron ayer que el suministro de petróleo había sido restablecido después de los paros que se registaron el pasado miércoles en las refinerias y la distribuición de carburante a las gasolineras en protesta por la detención de Hernández Galicia, informa Reuter y France Press.]

Los editoriales de los principales diarios de México citan estos días, como nunca antes habían hecho, el largo historial delictivo de La Quina, aunque uno de los periódicos más a la izquierda, La Jornada, advierte, al mismo tiempo, que incluso el criminal más peligroso tiene derecho a que la ley lo proteja.

Los partidos de izquierda que respaldaron la candidatura electoral de Cuauhtémoc Cárdenas han criticado al Gobierno por la medida, pero el propio Cárdenas ha tenido que explicar que no quiere que su posición se interprete como un respaldo a La Quina, sino como una defensa del Estado de derecho, que se supone amenazado por un caso en el que aparentemente se han saltado los cauces estrictos de la ley. Nadie podía imaginar, sin embargo, que La Quina pudiera haber sido detenido por dos funcionarios de policía que llegaron a su domicilio con una orden de arresto. [Ayer, se confirmó que el propio Hernández Galicia tomó parte en el tiroteo que preludió su detención, informa Efe.]

Su más peligroso enemigo

Cárdenas se encuentra en este caso ante una situación delicada. Durante la pasada campaña electoral trascendió el coqueteo del candidato de la izquierda con el poderoso dirigente de los petroleros, que no quería con ello respaldar posiciones de principio, sino cortarle el camino a quien advertía como su más peligroso enemigo, Carlos Salinas.Cárdenas no puede ahora defender a La Quina porque para ello tendría que negar lo que ha sido un secreto a voces en México, la corrupción y el bandolerismo del líder sindical. Pero tampoco puede, por razones de estrategia política, reconocer la valentía del nuevo presidente ni oponerse a los que son los socios naturales de la coalición cardenista, los trabajadores.

Para Carlos Salinas, la detención de La Quina es la mayor prueba que podía entregar a quienes dudaban de su autoridad. A partir de ahora nadie podrá decir que al frente de la presidencia de México hay un hombre débil y sin carácter. Como precio, Salinas va a tener que soportar una gran presión. Los hilos que puede mover La Quina desde la cárcel y sus hombres desde la calle son infinitos.

 La Quina quería ‘partirle la madre’ a sus enemigos

Antonio Caño/ El País

15 de enero de 1989

 Explicaba en una ocasión Joaquín Hernández Galicia, La Quina, el líder del sindicato petrolero de México detenido el pasado martes, que el mundo está dividido en cuatro tipos de personas: un 25% de amigos suyos, otro 25% de pusilánimes a los que hay que convencer, un 25% de mercenarios a los que hay que comprar, y el resto, enemigos a los que hay que combatir. «Si convences a los pusilánimes y compras a los mercenarios, ya tienes el 75% suficiente para partirle la madre a tus enemigos», decía, amenazante.

Estaba en el camino de conseguir ese 75% cuando el nuevo presidente de México, Carlos Salinas, lo detuvo de la forma más concluyente. Nadie se había atrevido antes a hacerlo, aunque el historial delictivo de La Quina se remonta a tiempo atrás. El ex presidente José López Portillo hizo durante su gestión una de las mejores definiciones de La Quina al decir que era «un poco rudo, pero un buen patriota». Algo así como el famoso «nuestro hijo de puta» de Roosevelt.Fue en tiempos de López Portillo, y antes con José Echeverría, cuando La Quina consolidó su poder al conseguir que el sindicato petrolero se llevase un porcentaje de todos los contratos de explotación, transporte y venta que obtuviese la compañía nacional Petróleos Mexicanos (Pemex). La Quina se convirtió así en un fuerte empresario -tal vez el de más recursos en todo el país- y pudo administrar influencias sin ninguna limitación.

La fortuna real de La Quina y de sus hombres no se conoce. Las autoridades han bloqueado estos días cuentas bancarias a su nombre por valor de 50 míllones de pesetas, pero se calcula que eso no es más que calderilla para los gastos diarios. A su principal colaborador, Salvador Barragán Camacho, que actuaba como hombre de paja al frente de la secretaría del sindicato petrolero, la policía le ha incautado un coche blindado cargado con joyas por valor aproximado de 50 millones de pesetas. El tercer hombre de la mafia petrolera, Sergio Bolaños, ha ofrecido a la Procuraduría General, según el diario Unomasuno, 350 millones de pesetas, un castillo en Francia y otras propiedades en Estados Unidos a, cambio de conseguir su libertad.

En sus declaraciones ante el juez, La Quina y Barragán han negado tanto la corrupción como los cargos de homicidio y acopio de armas que se les imputan. La Quina dijo que sólo se trata de «una maniobra infame y sucia» contra él, y expresó su confianza en que Salinas y el Gobierno recapaciten y lo pongan en libertad.

El juez José Luis García decretó ayer la libertad bajo fianza de 28 de las 46 personas que fueron detenidas junto a La Quina bajo la acusación de encubrimiento.

El rey de los pobres

De vida austera y con la filosofía de un iluminado -le gustaba hacerse llamar «el rey de los pobres»-, Joaquín Hernández Galicia preparaba a sus 66 años de edad, desde su bunker de Ciudad Madero, el asalto al poder político total. En sus últimos discursos La Quina había dejado claro que quería a sus hombres dentro del Gobierno y se le cree autor de una estrategia para colocarse al frente de la Confederación de Trabajadores Mexicanos (CTM), la principal central sindical del país.Por esta razón, algunos partidos de la izquierda juzgaron inicialmente que la acción contra La Quina era una pelea personal de Carlos Salinas. Los que sostenían ese punto de vista están ya recogiendo velas. El líder de la oposición mayoritaria, Cuauhtémoc Cárdenas, precisó el viernes que, aunque en el pasado sostuvo una amistad con La Quina, hacía ya más de dos años que no se veían. Cárdenas no quiso opinar sobre la situación en que se encuentra el líder petrolero y respaldó las posiciones del Gobierno a favor de la aplicación estricta de la ley.

De hecho, los cardenistas se han ido retirando discretamente de las últimas manifestaciones a favor de La Quina, una de las cuales reunió el viernes a varios miles de personas en el Zócalo de la Ciudad de México, en una convocatoria del Movimiento Proletario Independiente.

El presidente Carlos Salinas se reunió el viernes con miembros de la Asamblea Legislativa a quienes pidió respaldo político para sus acciones contra la corrupción. Salinas prometió seguir adelante en esa línea y advirtió que no será posible avanzar en la democracia si no se establece plenamente el Estado de derecho.

Un día antes, en un encuentro con miembros de la CTM, Carlos Salinas solicitó también ayuda para construir un sindicalismo moderno, alejado de las prácticas que La Quina representaba.

Las barbas a remojar

Pero La Quina no es el único. Otros dirigentes corruptos de sindicatos y de organizaciones estatales contaminadas por ese mismo mal habrán puesto ya sus barbas a remojar.

El viernes, el secretario de Educación, Manuel Bartlett, declaró que «quien viola los principios constitucionales y las leyes de la República debe ser sancionado, independientemente de la posición que ocupe».

Estas palabras debieron de sonar como una amenaza en los oídos de Carlos Jongitud Barrios, el líder histórico de los maestros, presionado por grupos independientes que quieren acabar con el cacicazgo en ese gremio.