El mercado

“Qué ondas, tapas.”

“Aquí, guantes. Hace mucho que no te veía.”

Uriel Luviano/ A los Cuatro Vientos

Así se saludan dos vendedores en el mercado de la Magdalena contreras. Uno vende cobertores cilíndricos de plástico para calentar comida en el microondas; el otro, guantes, esponjas y demás utensilios de limpieza. Los dos cargan con toda su mercancía demostrando una destreza y una resistencia envidiable.

Y ahí estoy yo, en medio de una muchedumbre bulliciosa, de gritos publicitarios y reclamos enardecidos. Nado en un mar de carpas rosas, olores a verduras, tacos de guisados y fruta de temporada.

Veo de todo, toco de todo, oigo de todo, soy todo, soy de todos.

Choco contra una muchedumbre que sigue carriles invisibles pero sentados en su memoria desde años atrás.

“¿Qué le damos, güero? A veinte la piña!”

Me hago pequeño entre la multitud que me empuja hacia el centro del mercado. Soy un borrón insignificante en las estadísticas. Soy un fantasma gris que busca un kilo de guayabas.

“¿No tiene de las que no son rosas?”
“No, son de las normales.”

Su respuesta ambigua y poco específica me manda varios metros más abajo, hasta que veo que de una caja salen “guayabas de Calvillo” ayudadas por las prestas manos de un vendedor que me dice amablemente que esas sí son las guayabas que me laten.

Me compro un kilo de guayabas amarillas por fuera y blancas por dentro. Ahora sólo tengo que salir. Pero eso será otra aventura.

*Uriel Adrián Luviano Valenzuela. Estudiante de Física y miembro de Pluma Joven A.C. Luviano.