El amor en tiempos de crisis. Discusiones en la pareja

¿Quién quiere hablar de cómo se pagarán las cuentas o cómo se administrarán los ingresos, cuando el amor está en su apogeo? Nadie, pero tampoco, el viejo dicho: “contigo pan y cebolla” continua hoy siendo parte de la magia que envuelve a los enamorados.

 Dra. Dora Davison

Basado en una encuesta realizada por Pay Pal, «No me puede comprar amor».

Cuando la realidad se impone, las diferencias de opinión acerca del mejor manejo del dinero, puede convertirse en una fuente de conflctos, tan importante como para terminar la relación.

Casadas “hasta que la muerte nos separe”, unidas en segundas nupcias con hijos de una unión anterior, unidas de hecho, divorciadas con hijos… todas las parejas discuten por el manejo del dinero, cuando éste y la paciencia se vuelven escasos en tiempos de crisis. Tanto sucede, en los matrimonios en que cada uno goza de independencia económica, como en aquellos en que solo un miembro de la pareja aporta al hogar.

Vivimos en una cultura en la cual hablar de dinero resulta vergonzo y, es un tema evitado por muchas parejas con el propósito de cuidar la relación. Sin embargo, hablar de plata es la mejor opción para no pelear por plata. En épocas de crisis financiera, como la que hoy nos preocupa, esas conversaciones son más necesarias que nunca y deben hacerse con lápiz y papel en mano, o frente a la Pc.

Tanto el dinero como el sexo son aspectos de la relación que están permanentemente atravesados por el ejercicio del poder, a veces de forma abierta y otras, más o menos encubierta. El dinero – sinónimo de poder en cualquier orden de la vida social – ejerce sobre los integrantes de una pareja la misma influencia: cualquiera que lo posea tiene la potestad de dar o quitar según su voluntad y puede usarlo para someter y manipular al otro. En este contexto, el que recibe, obviamente, queda en inferioridad de condiciones.

En tiempos en que los hombres eran los únicos proveedores, asumían naturalmente la jefatura del hogar y eran ellos “quien mandaba”. Cuando la crisis financiera hizo su aparición, la recesión dejó a los hombres sin empleo y las mujeres debieron trabajar fuera del hogar a pesar de las fuertes marcaciones de género que las recluían dentro de los límites del “hogar, dulce hogar”. Pero, cuando a los tiempos de privación, sucedieron otros de mayor abundancia, ya nada fue como era entonces y el camino de independencia económica iniciado por las mujeres, no tuvo retorno en la sociedad occidental: el “podio del poder” dejó de ser privativo de los hombres.

En el ámbito doméstico, la pregunta parecía ser: si cuando el hombre ganaba el dinero mandaba en la casa, cuando lo ganaba la mujer, ¿quién mandaba? Las reglas empezaron a cambiar lenta y trabajosamente y en el mejor de los casos, el poder empezó a ser compartido por unos y otras, en el peor es objeto de arduas y desgastantes luchas que ponen en jaque la relación.

De acuerdo con una encuesta internacional «Can’t Buy Me Love» (“No me puede comprar amor”) realizada por PayPal, la recesión económica actual es causa de que el 43 por ciento de las parejas estadounidenses, discutan hoy con mayor frecuencia, especialmente sobre las finanzas y sobre las tareas del hogar.

La recesión ha traído un cambio en la dinámica de poder entre las parejas; aproximadamente 1 de cada 10 afirma que el papel del principal sostén de la familia ha cambiado en el transcurso de los últimos seis meses debido a las pérdidas de empleo o las rebajas en el salario.

La encuesta, conducida por Ipsos – entre el 9 y el 19 de diciembre del 2008 – analiza temas concernientes al amor y el dinero. El tamaño total de la misma fue de 7.000 adultos, divididos de forma equitativa entre Australia, Canadá, México, Italia, los Países Bajos, el Reino Unido y los Estados Unidos. «Lo que ha cambiado este año – dice Lynette Khalfani-Cox, reconocida autora y experta financiera personal – es la presión adicional causada por la recesión. Hasta aquellas personas que todavía conservan su empleo se preocupan por la posibilidad de llegar a perder su trabajo y tener que sobrevivir a duras penas con los escasos recursos disponibles, lo cual está aumentando los conflictos en el hogar especialmente cuándo una de las partes actúa – inconsciente o conscientemente – tratando de doblegar o imponerse frente al otro por el poder otorgado por el dinero”.

Las finanzas son menos problemáticas entre las parejas de los Países

Bajos y el Reino Unido, donde menos del 20 por ciento discute acerca del dinero. Por el contrario, son más problemáticos en Australia, EEUU y México dónde reportan la mayor cantidad de discusiones en el hogar por temas relacionados con el dinero.

En EEUU, el dinero es la causa principal de discusiones entre las parejas (el 31%) seguido por las tareas en el hogar (el 28%), los suegros (el 22%) y el sexo (el 15%).

Los entrevistados, también han diferido en la cantidad de deudas que acumulan en estos momentos. En México, sólo el 15% afirmó no tener deudas, en comparación con el 51% en los EEUU y Australia, mientras que la mayoría de las parejas en los Países Bajos afirman no tenerlas.

Además de discutir, el 10% de las parejas entrevistadas dijo que había terminado su relación debido – al menos en parte – por problemas financieros. Los Estados Unidos y México se clasificaron en los lugares más altos con un 14% y los Países Bajos en el lugar más bajo con un 5%.

Este año una gran cantidad de parejas en los EEUU le están ocultando sus compras a su pareja: alrededor del 23% reportó que sí lo hace, en comparación con el 18 % en el 2008. Por segundo año consecutivo, la ropa es por ancho margen la compra que con mayor probabilidad las mujeres les ocultan a su pareja, de acuerdo con la encuesta.

La falta de dinero o la preocupación constante por lograr que alcance ejercen una presión sobre la pareja que dificulta la relación: surgen discusiones, conflictos y con frecuencia reproches. Esta situación afecta no sólo al bolsillo, sino también al estado de ánimo de cada uno, apareciendo sentimientos de angustia y un incremento inusual de la tensión intrafamiliar. El tema se agrava aún más, cuando hay uno que quiere manejarlo todo sin comunicar ni conversar acerca de los montos ni de los gastos o cuando alguno juega el rol de sometido, resignado o poderoso.

Dicen que “cuando el dinero sale por la puerta, el amor escapa por la ventana”. El asunto es que, con crisis financiera o no, más vale asegurar que la relación de pareja no termine por problemas económicos. También se dice, que: “el dinero va y viene” y que: “el que tenga un amor que lo cuide”.

Las finanzas continúan hoy siendo un tema tabú en las parejas pero, debiera dejar de serlo y discutirse abiertamente para evitar mayores problemas. “Los problemas relacionados con el dinero son la segunda causa de divorcio en México”, dice la experta en Economía Familiar de la UP y autora del libro “Cuando el dinero nos alcance”, Cecilia Meade. Evitar el tema no sólo es un gran error, sino el inicio de un fracaso económico que puede traer consecuencias personales; “la falta de planeación financiera condiciona el crecimiento de la pareja y puede comprometer su evolución”, afirma por su parte, el experto en finanzas personales, Salvador Tamayo.

Un informe de la Universidad del Estado de Ohio en Columbia – USA – basado en datos recolectados a lo largo de 30 años por el Buró de Estadísticas Laborales del Departamento de Trabajo, señala que mientras los hombres son más optimistas acerca de la cantidad de dinero con la que cuentan, las mujeres están más pendientes de las deudas. El estudio no determinó quién en la pareja se acerca más a la verdadera condición financiera del hogar, pero el autor del estudio, Jay Zagorsky, explicó que a la hora de pelear sobre este tema, la percepción de cada persona es determinante. «Hay una diferencia significativa en lo que afirman las esposas y los esposos acerca de su estatus financiero y estas diferencias pueden influir sobre la relación de la pareja». En parte, el hecho de que los hombres crean que hay más dinero que sus esposas, se debe a que muchas veces, las personas casadas desconocen el salario exacto de su pareja, lo que conduce a cálculos conjuntos erróneos. Otro factor que contribuye a estas discrepancias se debe a que en el 60% de los hogares, la mujer es la encargada de pagar las cuentas.

Según el investigador, estas discrepancias tienen consecuencias para la pareja, porque pueden generar actitudes diferentes acerca del estatus económico del hogar: preocupación u optimismo dependiendo del caso.

Zargorsky, encontró que las parejas divorciadas tuvieron mayores discrepancias acerca de su estado financiero durante el matrimonio, que las demás. Esto no significa que las diferencias en torno a la cantidad real de ingresos llevara al divorcio, pero sí, que pueden ser una fuente de tensión matrimonial.

«Ayudar a que las parejas comprendan que la mayoría de hombres y mujeres casados no comparten el mismo análisis acerca de la cantidad de dinero que entra al hogar, es un primer paso para reducir los conflictos en torno al dinero», indicó.

Frente a las desavenencias generadas por el dinero y el poder, la pareja, por ser una totalidad diferente a la sumatoria de dos individuos, permite la realización de un tipo de acuerdo que establece, que el dinero no es de ninguno de ellos en particular, sino que pertenece a la pareja. En términos legales – para que mejor se entienda – el dinero es de la sociedad conyugal, independientemente de quien lo aporte o del monto que aporte cada uno. Este modo de pensar le sale al cruce a los sentimientos de muchos hombres que sienten su orgullo herido porque su pareja gana más que ellos, y al de muchas mujeres que se someten a esposos a los que consideran poderosos sólo por su abultada cuenta bancaria.

Ahora bien, qué hacer con la plata es un pacto singular a cada pareja. No conversarlo o creer que solo se va a arreglar, genera una serie inacabable de dificultades. Es necesario que cada uno pueda hablar abiertamente de sus ingresos, sus gastos y sus metas y que pueda opinar acerca de cómo lo deberían administrar, para finalmente arribar a acuerdos que satisfagan a ambos.

Es una buena visión pensar la vida en pareja como una sociedad o una empresa con un proyecto en común: para que funcione adecuadamente, ambos socios deben hablar claramente y cooperar entre sí.

No existen recetas universales, pero sí algunas estrategias que ayudan a que el dinero se convierta en un aliado para satisfacer las necesidades, sortear las dificultades en tiempos de crisis financiera y alcanzar los objetivos individuales y en pareja.

Veamos algunas en las que coinciden los expertos:

– Lo recomendable es sentarse regularmente a hablar con lápiz y papel o frente a una planilla de Excel. Esos momentos deben ser más frecuentes en estas épocas de inestabilidad económica, pero sin exagerar. Tocar el tema todos los días, a toda hora puede agotar y entonces, a los problemas económicos habrá que sumarle los conyugales; pero tampoco dejarlos librados al azar: hay que planificarlos. Elegir un día y una hora de la semana o del mes para hablar específicamente de sus finanzas.

– Para tomar las decisiones correctas hay que conocer los recursos de cada uno. “Cada cónyuge debe poner sobre la mesa su ingreso, bienes, inversiones, tarjetas de crédito, deudas a corto y largo plazo, nivel de ahorro y sus hábitos de compra para tener un panorama real de la situación financiera”, señala Meade. Difícilmente una pareja que no posea este hábito, pueda hacerlo de un día para otro, por eso mismo hay que empezar cuanto antes.

– Hace falta elaborar un presupuesto. Cecilia Meade afirma: “Decir lo que tienen y lo que gastan no es suficiente, hay que ponerlo en papel para que no haya dudas y sea más fácil distribuirlo”. Para hacer este presupuesto hay que tomar en cuenta los gastos fijos del mes, los variables y posibles extras. Si se tienen deudas, se debe planificar como pagarlas para sanear las finanzas y si se puede, decidir un monto para el ahorro.

– Definir claramente cuáles son los objetivos de cada uno en el área personal, y cuáles los que quieren alcanzar en pareja. Pasar todo por un tamiz y separar lo posible de lo que debe dejarse para más adelante Luego y en base a ello, definir las acciones concretas para alcanzarlos.

– Si bien lo recomendable es tomar decisiones financieras a largo plazo, en épocas de crisis hay que conformarse con las de mediano y corto plazo. Las metas cortas más fáciles de cumplir, aportan mayores satisfacciones y disminuyen el estrés.

– Las parejas que inician la vida en común pueden tener la sensación de que 2 ingresos les traerá mayor bonanza, pero esto puede no ser del todo real, especialmente cuando el futuro es incierto. “Habitualmente se piensa que con dos sueldos hay más margen para gastar y contraer deudas, pero lo cierto es que conforme la pareja evoluciona los gastos aumentan, así que siempre hay que tener en cuenta que el dinero gastado hoy, es un recurso que puede faltar mañana”, dice Tamayo.

En las parejas ensambladas el dinero se comparte con el otro hogar de los chicos y es preciso incluir este egreso en el presupuesto familiar para que nadie se sienta perjudicado. Hay parejas que se manejan con un fondo común para los gastos del hogar y cuentas separadas para cubrir otros gastos de los hijos de cada uno.

También los padres divorciados con hijos menores, suelen tener dobles gastos (2 casas, cuota alimentaria) y el dinero nunca alcanza. Se necesita una buena comunicación y que se extremen los servicios mutuos para que ninguno se sobrecargue.

– Cecilia Meade – la experta de UP – sugiere a las parejas que se inician la convivencia establecer con anticipación cuál será el aporte de cada uno al hogar y juntar los ingresos para afrontar los gastos en común, de modo que ninguno pueda ejercer control económico sobre el otro o sentirse con derecho a tomar decisiones importantes sin consultar a su pareja. Este aporte puede variar en épocas de crisis, entonces se impone su reconsideración periódica, revisar gastos y lograr acuerdos realistas.

– Un problema común que es que la forma en que se manejan las finanzas, conduce a que uno cargue con mayores responsabilidades que el otro, por ello es importante hablar. Otros optan por ocultar ciertos gastos o ahorros para evitar peleas o críticas: “siempre hay que abogar por la comprensión de la pareja y empatar metas”, es la conclusión de los expertos