¿Nietos que ladran?

Joaquín Bohigas Bosch / 4Vientos

La llaman Tarshjya, aunque su nombre oficial es Tarja, como la esbelta soprano finlandesa conocida como la reina de la opera metálica. Esta Tarja no canta y es rechoncha. Apenas mide 25 centímetros de altura y, como tiene las patas muy cortas, con infinita parsimonia arrastra su felpuda panza cuando se ve obligada a caminar. La mayor parte del tiempo toma el sol y duerme. Parece meditar, pero lo más probable es que está en blanco casi todo su cerebro, que pesa lo que una cucharada de azúcar, cerca de 25 gramos.

Ocasionalmente maúlla para que la tomen en brazos o le sirvan comida en un platito en donde se lee Cat. Su alimento más austero – lams proactive health – se vende casi al mismo precio que la carne de res, a más de 60 pesos por kilo. Pero como la quieren mucho, diariamente la consienten con platillos, botanas y antojos gourmets de salmón, camarones, pollo o queso. Elaborados por transnacionales yanquis, estos manjares –  Fancy Feast, Whiskas Temptations, Friskies Party Mix – cuestan entre cien y mil pesos el kilo. Obviamente, en la casa del pobre no hay gatos tan lujosamente tratados, pues el salario mínimo diario no llega a 65 pesos.

La obesidad se está volviendo común en gatos y perros domésticos.
La obesidad se está volviendo común en gatos y perros domésticos.

Aunque está gorda y bien alimentada, no ha perdido su instinto y habilidad cazadora y no es raro verla jugando con ratoncitos moribundos o encontrar plumas de aves ya digeridas. Un entretenimiento para Tarja, una necesidad para un gato abandonado o arrimado a un hogar menos próspero. Pero todos ponen su granito de arena en el exterminio de las especies.

Según un grupo ambientalista ensenadense dedicado a restaurar la flora y la fauna de las islas mexicanas, el gato es una de las peores especies invasoras. Afirman que uno solo es capaz de matar a cientos de aves en un año y se sabe que han contribuido de manera directa a la desaparición de varias especies insulares, particularmente pájaros y mamíferos y reptiles pequeños. Por este motivo está prohibido introducir gatos en parques nacionales y áreas protegidas. Las poblaciones de colonias de aves se recuperan cuando los gatos son erradicados de las islas, como sucedió con los albatros en la isla Guadalupe.

Albatros de Laysan (Foto: Arthur Morris)
Albatros de Laysan (Foto: Arthur Morris)

Desde hace tiempo se sabe que los gatos domésticos y salvajes han tenido  un enorme impacto negativo en las islas, pero no se tenía un cálculo confiable de la mortandad que ocasionan en territorios continentales. En un artículo publicado el 29 de enero en la revista Nature, estiman que los más de 110 millones de gatos domésticos y abandonados que viven en Estados Unidos, matan alrededor de 2,400 y 12,300 millones de pájaros y mamíferos al año. Aunque son la cuarta parte de la población felina, estiman que los gatos abandonados son responsables de más del 80% de estas muertes.

Pero los gatos y perros abandonados no consumen los productos que grandes corporaciones transnacionales le venden a los felices amos de OLYMPUS DIGITAL CAMERAmascotas. Según estadísticas de la American Pet Products Association, en 2011 los estadounidenses gastaron 51 mil millones de dólares para curar, alimentar, limpiar, entretener, pasear y vestir a millones de peces (160), gatos (86.4), perros (78.2), aves (16.2), equinos (7.9), reptiles (13) y otros bichos (16). Esta organización calcula que el mantenimiento anual básico de cada gato y perro estadounidense es cercano a 1,400 dólares, poco menos de lo que en 2013 ganará un compatriota si le pagan un salario mínimo cada día del año.

¿Y qué tan verdes son los gatos y los perros? Escrito por dos científicos neocelandeses, Time to Eat the Dog? es un libro maldito en Estados Unidos, como fue el Manifiesto Comunista a mediados del siglo XX. En él calculan que el mantenimiento de un gato produce la misma cantidad de bióxido de carbono que un “vochito” y el de un perro de mediano tamaño más que una camioneta o un vietnamita. Las razones son obvias. Estos animales son esencialmente carnívoros, mientras que los vietnamitas consumen arroz y verduras en abundancia. Más aun, antes de llegar a su plato atractivamente empacada, esterilizada y vitaminada, su comida viaja grandes distancias del campo, a la industria y al supermercado. La del vietnamita está envuelta en un papel usado, no tiene aditivos y se produce y consume localmente.

Hoy en día, la mayor parte de los gatos y los perros no protege los almacenes en donde se guarda el grano, ni los campos en donde se cultiva la comida. Tampoco persiguen roedores por sus túneles, ni ayudan a cazar la comida, ni guían rebaños de ovejas. La comunidad de gatos domésticos y abandonados extermina miles de millones de animales salvajes anualmente y ha contribuido a la extinción de incontables especies. El cuidado de animales domésticos, principalmente gatos y perros, tiene consecuencias importantes en el grave problema del calentamiento global y plantea cada vez más serios problemas éticos, en la medida en que millones gastan en sus mascotas lo que cientos de millones no pueden gastar en alimentarse.

Por otro lado, nuestras mascotas guardan nuestros hogares, nos cuidan y cuidan a nuestros seres queridos. Nos hacen sentir mejor, nos acompañan y aman sin reservas. Debido a la creciente descomposición de la unidad familiar, son la última reserva de bienestar emocional que le queda a cada vez más personas.

ninya+gallina

Lejos estoy de proponer que nos comamos a nuestras mascotas, como parece sugerir el titulo del libro recién citado. Por mi parte, Tarja y sus amantes dueñas pueden dormir tranquilas. Pero si creo que tenemos que pensar en nuestras mascotas desde la perspectiva del bienestar global de la naturaleza y, muy en particular, del de nuestros congéneres. A todos ellos le debemos la mayor parte de nuestro afecto. Por si hay dudas, nuestros hijos y nietos no tienen cuatro patas, ni ladran, ni maúllan.