Explosión en PEMEX ¿Accidente? ¿Sabotaje? ¿Atentado?

“Llegaremos a la verdad, sea cual sea”, dijo hoy el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, quien se comprometió a investigar la explosión ocurrida en el edificio B de las oficinas administrativas de Petróleos Mexicanos (Pemex), hasta conocer la verdad.

Asciende a 33 el número de víctimas. Hubo al menos 101 heridos

Ningún reporte sobre desaparecidos

Mirna Servín e Israel Rodríguez / La Jornada

Viernes 1º de febrero de 2013,- Un estallido seguido de una onda expansiva –que se sintió como un temblor– causó pánico entre miles de trabajadores de los edificios de Petróleos Mexicanos (Pemex). La versión oficial de lo sucedido fue la de un corto circuito, y por la noche la conclusión anunciada fue que se requerirá la intervención de expertos nacionales e internacionales.

Antes de las 16 horas de ayer, y aún sin saber la magnitud de lo ocurrido, cientos de trabajadores empezaron a desalojar las torres ubicadas sobre Marina Nacional, en la colonia Verónica Anzures, delegación Miguel Hidalgo.

En el edificio B2, que tiene 13 pisos, ocurrió el derrumbe de varios pisos, entre ellos la planta baja, el sótano y el vestíbulo, lo que dejó decenas de personas atrapadas y heridas.

El conteo preliminar de la noche de ayer era de 25 muertos y 101 heridos, aunque la suma no había concluido, y más de un centenar de personas reportadas como lesionadas, las cuales fueron enviadas a los hospitales de la paraestatal. No se habló del número de personas desaparecidas o no localizadas.

El caos y la incertidumbre generados por la falta de información se extendieron desde las autoridades de Pemex, que a través de su cuenta de Twitter a las 15:58 horas daban a conocer que el desalojo se debía a una falla

eléctrica, cuando a esa misma hora los familiares de los trabajadores llegaban al lugar preguntando por lesionados de la explosión y del derrumbe reportado por las últimas llamadas telefónicas que habían recibido desde el interior del edificio. El humo blanco que salía del lugar se podía observar desde el Circuito Interior.

Vecinos de la sede de la paraestatal que se acercaban al lugar, que inmediatamente se empezó a congestionar de unidades de rescate, ambulancias, bomberos y policías, dieron cuenta de las llamas que momentáneamente habían salido del edificio.

Alrededor de las 16 horas, elementos de la policía capitalina y agentes federales empezaban a acordonar el lugar, en el cual no se percibía olor a gas, al menos en el exterior de la torre B, donde los vidrios de las ventanas de al menos tres pisos estaban rotos.

Los trabajadores que salían de los edificios hablaban de una onda expansiva que se sintió en inmuebles aledaños y en la calle, donde comerciantes ambulantes empezaron a retirar sus puestos.

Los primeros heridos, que salían en camillas o caminando, tenían raspones, cortaduras de vidrio y golpes. Uno de ellos explicó que eran los de la parte alta del edificio porque toda la zona de recursos humanos, ubicada en la planta baja, estaba en medio del colapso.

El chofer de un alto funcionario de Pemex, de quien se reserva su identidad, relató que al sentir la onda expansiva fue proyectado hacia una columna y, después de unos segundos, se recuperó de la conmoción inicial y entró para ayudar al menos a ocho trabajadores. El testigo aseguró que nunca vio fuego ni percibió ningún olor. Sólo oí una explosión. No vi llamas; lo que sí vi fue el pasillo del edificio B2, que recientemente había sido techado con un cobertizo, y toda la estructura metálica estaba retorcida.

Un trabajador reveló que en el área del siniestro no hay calderas, como se había especulado. En el sótano está el archivo muerto, las máquinas pulidoras y de limpieza. Las calderas se encuentran en un edificio diferente. El edificio B2 está contiguo a la torre principal de Pemex, que es uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad de México por sus 214 metros de altura y por ser la sede de la principal compañía de América Latina.

Minutos antes de las 17 horas el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, llegó al lugar y poco después lo hizo el jefe de la policía capitalina, Jesús Rodríguez Almeida. El cerco a los complejos de Pemex se empezó a extender varias manzanas con la ayuda de granaderos capitalinos. Los vidrios habían caído a gran distancia.

Poco a poco se distinguían varios círculos de vigilancia. El más cercano al lugar del incidente estaba llenos de militares y escuadrones de rescate. Le seguían las fuerzas federales, acordonando el resto de las calles, y los policías capitalinos.

Al lugar llegaron el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; el titular de la Procuraduría General de la República (PGR), Jesús Murillo Karam, y el comisionado general de la Policía Federal, Enrique Francisco Galindo Cevallos, quienes no informaron nada, pero las más de 100 ambulancias de distintas corporaciones que habían salido y entrado del lugar hablaban por sí mismas. Los helicópteros de la SSPDF no dejaban de sobrevolar la zona, que junto a otros de medios de comunicación eran alrededor de cinco.

Cerca de las 18 horas se negaba toda información sobre personas fallecidas, pero en contraste llegaban ambulancias de servicios periciales de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, que habitualmente sólo son requeridos para el levantamiento de cadáveres.

Personal especializado de la UNAM entró acompañado de perros entrenados para la localización de personas; a esto siguieron personal de rescate de la SSPDF, con palas y polines, y cinco binomios de perro y entrenador de la Secretaría de Marina. La zona del derrumbe había quedado completamente oscura, por lo que también acudió personal con dos plantas de luz.

La zona se empezó a llenar de elementos de la Policía Federal, del Ejército que iban con armas de alto poder. Casi a las 20 horas aparecieron elementos de la Marina. Era el agrupamiento antibombas. Había tensión.

En total, se estima que en la circunferencia y en el edificio colapsado había más de 800 elementos especializados, entre policías y trabajadores de rescate. Paradójicamente, horas antes de la toma policiaca de la paraestatal, a la 13:59,

la cuenta de Twitter de la paraestal anunciaba: es un logro de Pemex mantener los indicadores de seguridad por debajo del estándar internacional.

A la zona, poco a poco empezaron a llegar más familiares de trabajadores que ya habían recorrido diversos hospitales sin éxito. Ni los gritos ni el llanto de mujeres y hombres derivaron en una respuesta oficial.

En cambio, a la llegada de camionetas blindadas llenas de personal de seguridad abrían inmediatamente el cordón de seguridad instalado para delimitar la zona.

Tras la primera explosión de la tarde, hubo una nueva alerta por la noche que produjo el desalojo de gran parte de los elementos policiacos, reporteros y gente reunida en el lugar.

Eran las 10:10 horas y una sirena de emergencia se escuchó. Todos los que estaban ahí corrieron indistintamente por la puerta 15 ubicada en la calle de Bahía de Banderas. Al parecer el peligro aún era inminente.

Proceso

MÉXICO, D.F., (proceso.com.mx).- Emilio Lozoya, director de Petróleos Mexicanos (Pemex), informó que suman 32 personas muertas y 121 heridas tras la explosión del anexo B2 de la Torre de la paraestatal.

Además, 52 personas heridas permanecen hospitalizadas. En tanto, de las víctimas fatales 12 son hombres y 20 mujeres.

Hasta ayer por la noche la cifra de personas muertas era de 25 y 101 heridos; sin embargo, durante las labores de rescate aumentó el número de lesionados.

En conferencia de prensa, Lozoya advirtió que podría haber más personas atrapadas entre los escombros, por lo que las labores de rescate no serán suspendidas.

Aunque el presidente Enrique Peña Nieto y el gobierno federal han insistido en que no adelantarían ninguna conclusión respecto a las causas de la tragedia, Lozoya anticipó en entrevista con Primero Noticias que se trataría de un accidente:

“(…) Sí parece, lo que uno puede observar es que esto es parte de lo que los expertos perciben como un accidente, pero no se va a descartar ninguna línea de investigación”.

ASTILLERO

Preocupaciones gemelas

Accidentes y sospechosismo

Privatización y resistencia

Estallidos sociales

Julio Hernández López

La explosión sucedida ayer en la Torre de Pemex agrega elementos de preocupación al cuadro, de por sí complicado, del funcionamiento actual de la principal empresa estatal y del muy avanzado proyecto peñista que busca modificar las reglas actuales de operación y abrir puertas a más inversión privada, sobre todo extranjera.

No se trata sólo de un accidente (en caso de que así lo determinen los peritajes correspondientes), sino de una cadena de incidentes similares, en distintas zonas del país (uno de ellos en septiembre del año pasado en el Centro Receptor de Gas de Pemex en Reynosa, con un saldo oficial de 30 muertos y 46 heridos), que dan pie a preguntarse la razón por la cual hay constantes fallas en seguridad y mantenimiento. Uno de los puntos a los que se dirigen constantes críticas es el contratismo practicado por los directivos de la institución, cediendo a empresas particulares la realización de tareas delicadas, en el contexto de la elevada corrupción gubernamental y sindical que se tropieza por encontrar formas de realizar convenios privados que suelen generar comisiones porcentuales importantes, aunque los prestadores de esos servicios diluyan o simulen el cumplimiento de sus obligaciones. Por ello, en momentos como los que se viven actualmente respecto al petróleo, y los energéticos en general, un estallido como el de la Torre de Pemex potencia las especulaciones y añade hollín a los vitrales públicos. Será necesario esperar los resultados de las investigaciones oficiales para determinar si el estallido de ayer fue producto de un accidente o de un acto premeditado.

Las especulaciones, el descreimiento y el sospechosismo provienen en primera instancia de la consolidada falta de confianza de los ciudadanos hacia políticos y autoridades en general. Ayer, por ejemplo, de botepronto, obviamente sin los suficientes elementos técnicos para arriesgar una versión oficial del estallido en Marina Nacional, fuentes de Pemex apuntaron hacia el sobrecalentamiento de un equipo de aire acondicionado. El sindicato petrolero, por su parte, aventuró la tesis de que era un sobrecalentamiento de calderas. En la premura por establecer explicaciones, justificaciones e incluso coartadas, suelen producirse en casos de crisis declaraciones gubernamentales y filtraciones que no tienen sustento, lo que va abonando el camino al menosprecio de los ciudadanos de a pie respecto de esas posturas oficiales y la multiplicación de un sospechosismo social compensatorio que, por ejemplo, considera que se está dañando la estructura nacional de Pemex para justificar y facilitar las tareas de privatización largamente añoradas por el calderonismo y ahora en vías de realización por el pactismo peñista.

Los estallidos físicos en Pemex se han producido mientras avanza la apuesta mayor del sexenio priísta que es la mayor desregulación de la intervención de capitales privados en la operación de Pemex. Durante el primer salinismo se produjo la privatización de Teléfonos de México que construyó la plataforma de enriquecimiento, lo cual desembocó en una medalla mundial en riqueza personal; abrir el negocio de Pemex a una mayor participación privada podría estar rebasando las bienaventuranzas monetarias de aquel primer Carlos&Charlie. Y no sólo en términos de enriquecimientos personales: buena parte del control cupular que el salinismo ha podido sostener se debe a los compromisos e intereses derivados de las privatizaciones que realizó y de los pactos secretos y no escritos que permitieron la repartición del botín nacional y el apoyo a candidatos y proyectos que den continuidad a esos arreglos.

Elementos de salvamento levantan un pedazo de concreto durante sus acciones para rescatar a uno de los sobrevivientes de la explosión en la Torre de PemexFoto Ap/ Eduardo Verdugo

En apariencia, el peñismo está en muy buenas condiciones para intentar una forma de desnacionalización del petróleo. Tiene de su lado a los dirigentes del PAN y el PRD y a camarillas correspondientes a estos partidos, mediante el Pacto por México, que es la mano del gato (en singular) para sacar las castañas de aceite pétreo del fuego político. También a los grandes empresarios y sus medios de comunicación que hacen eco de la campaña gubernamental simplona, la cual cree que negando mil veces una verdad ésta se vuelve mentira: no hay privatización, no se privatizará, etcétera, dice por rutina el licenciado Peña y esa versión se reproduce acríticamente.

A diferencia de lo sucedido durante el calderonismo, no está en buenas condiciones. La oposición cívica a los planes del segundo salinismo para disponer de parte de la riqueza petrolera. La segunda derrota impuesta al candidato de la izquierda electoral ha generado un extendido desánimo por el golpe formal recibido pero, sobre todo, por la manera como fue asestado, con un mercantilismo cínico, con un aprovechamiento ostentoso de la miseria de las mayorías votantes, con un alineamiento impúdico de medios, empresarios, tribunales y opositores. Además, la fuerza del movimiento lopezobradorista se ha concentrado en la construcción de un polémico proyecto partidista que debe ser aceptado y aprobado por los mismos factores que convalidaron los resultados electorales de 2006.

Y, sin embargo, la oposición a la entrega de Pemex sigue creciendo y es probable que supere las diversas trabas y diferencias actuales hasta lograr un frente unido. Más allá de AMLO, Morena, PRD y demás siglas, nombres e intereses, la peligrosidad del proyecto peñista-salinista podría conjuntar a ciudadanos deseosos de impedir tal retroceso histórico. En ese proceso de crecimiento de la oposición a reformas laborales y educativas, de rechazo a la justicia selectiva (Cassez, los generales), de protesta por el golpe dado al SME, de manifestaciones públicas, de descomposición institucional en general, pero en particular en áreas muy significativas como la Suprema Corte, el Ifai, el tribunal electoral y el IFE, los humos de la Torre de Pemex y sus lamentables víctimas (25 muertos, a la hora de cerrar esta columna) llevarán la atención pública hacia otras zonas, en espera de otros estallidos gemelares, los políticos y sociales en defensa de la riqueza petrolera mexicana. ¡Hasta el próximo lunes!

Fax: 5605-2099 • juliohdz@jornada.com.mx

Fuentes de seguridad no descartan atentado por la magnitud del estallido

Funcionarios de la PGR señalan que están abiertas todas las hipótesis.

Jesús Aranda y Gustavo Castillo

Funcionarios de la Procuraduría General de la República (PGR) señalaron que la averiguación previa sobre el estallido en el edificio B de la

Torre de Petróleos Mexicanos (Pemex) es en contra de quien resulte responsable y están abiertas todas las hipótesis, incluidos sabotaje y explosión de gas o de instalaciones eléctricas; en tanto, integrantes del gabinete de seguridad nacional no descartaron que haya sido un atentado.

Los informantes explicaron que la magnitud de la explosión explicaría esa última posibilidad.

Las mismas fuentes afirmaron que la seguridad del edificio está a cargo del sindicato de trabajadores de la paraestatal.

Al lugar llegaron unos 200 elementos de la Armada y al menos un centenar más del Ejército para apoyar en las labores de vigilancia y seguridad del perímetro afectado por el siniestro; también acudieron efectivos con perros especializados en el rescate de personas atrapadas entre escombros.

La PGR inició de inmediato las averiguaciones para determinar las causas de la explosión y envió más de 15 peritos de distintas especialidades, que trabajarán de manera conjunta con militares expertos en explosivos.

Según empleados de Pemex, minutos antes de las cuatro de la tarde decenas de trabajadores estaban formados para registrar su retorno de la hora de comida. Los empleados administrativos tienen un periodo de 14:30 a 16 horas para tomar alimentos, y luego salen los sindicalizados.

Tras la explosión, al lugar arribaron el titular de la PGR, Jesús Murillo Karam; el subsecretario de Seguridad Pública, Manuel Mondragón y Kalb, y el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

Marinos y soldados se hicieron cargo de vigilar el perímetro alrededor de la torre.

El Ejército aplicó el Plan DN-III, que se implementa en casos de desastres naturales, por lo que fueron enviados soldados integrantes de la fuerza de tarea, especializada en “estructuras colapsadas”, además de binomios caninos y personal especializado en tareas de rescate.

Oficialmente, la Secretaría de la Defensa Nacional no informó al respecto; la encargada de hacerlo fue la Presidencia.

Fuentes castrenses explicaron que la aplicación del Plan DN-III es gradual y depende de la magnitud del evento, y recordaron que en el Campo Militar número uno está la fuerza de tarea encargada de implementar el citado plan de contingencia.

Proceso

MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- La secretaria de Salud, Mercedes Juan López, informó que a causa de la explosión en las instaslaciones de Pemex, sólo permanecen hospitalizadas 46 personas, de las cuales, diez están reportadas como graves.

En conferencia de prensa, la titular de Salud detalló que en el Hospital Central Sur Pemex se encuentran siete trabajadores estables y cinco graves; en el Central Norte: 17 estables y 3 graves; en el Pedregal, 2 graves y en Interlomas, 12 estables.

Al mediodía, el secretario de Gobernación informó que el número de muertos asciende a 33.

La Cruz Roja anunció que ya concluyeron las labores de búsqueda de personas.