Niemeyer: Genio de curvas, trazos y Brasilia

Oscar Niemeyer, militante comunista y genio de la arquitectura moderna, ha muerto; pero su impronta vive en esta capital, donde abundan sus majestuosas obras y monumentos que fascinan y cobijan a millones de visitantes.

Leovani García / Prensa Latina

Brasilia, una de sus más representativas esculturas, terminó por convertirse en 1987 en la única ciudad construida en el siglo XX declarada como Patrimonio Cultural e Histórico de la Humanidad. Se trató de un proyecto realizado junto a su colega y urbanista Lucio Costa, diferente a cualquier otra capital. Sus edificios son monumentos vivientes, llenos de curvas y trazos sin igual, que ofrecen al visitante una visión fantástica del modernismo.

Considerada como su obra maestra, Brasilia se construyó entre 1957 y 1963, por encargo del presidente Juscelino Kubitschek de Oliveira, quien simpatizaba con Niemeyer en su idea de contar con una ciudad símbolo de la esperanza, de construir una utopía.

Entre sus vistosas edificaciones figura el Palacio de Alvorada, la residencia oficial del presidente de la república y la sede del gobierno federal, con los inmuebles que integran la Plaza de los Tres Poderes, ubicados todos frente al eje monumental.

Otra de sus construcciones insignias más populares es la Catedral Metropolitana de la capital, cuya obra se acerca a la forma de un barco. Sin embargo, algunos señalan que se parece a una flor. La entrada al edificio es a través de un pasaje subterráneo, y en el techo de la iglesia yacen ángeles colgantes. Las columnas inclinadas de techo aguantan una estructura de cristal que en las noches se ilumina y desde lejos semeja a las velas de una embarcación.

A pesar de la dispersión de la ciudad, caracterizada por los grandes espacios y avenidas, la organización motiva sorpresa, pues los hoteles se ubican en un  área destinada para ello; en tanto las embajadas, enclavadas en la superficie de las representaciones extranjeras y los ministerios, hacen filas tras las principales edificaciones de poder.

Brasilia se muestra ante sí como un gran avión, difícil de recorrer a pie, por ello, sus ciudadanos dicen que está hecha para andar en auto. Además de la capital federal, en su ciudad natal, Río de Janeiro, figura el Museo de Niteroi, otra de sus creaciones más impactantes, que recuerda una flor o un platillo volador; pero su ubicación, justo al borde de un acantilado con vistas a la gran bahía de Río, lo transforma en un sitio especial.

En Europa, Niemeyer dejó también su huella. Durante su exilio en Francia diseñó la sede central del Partido Comunista, en París, mientras que en Milán, Italia, proyectó el edificio de la Editorial Mondadori, muy parecido al Palacio de Itamaraty, con sus hermosas columnas que crecen desde el agua.

Una de sus últimas obras está en España, donde edificó el Centro Cultural Internacional Óscar Niemeyer en Avilés, Asturias, y se caracteriza por ser un espacio abierto a todas las artes con una programación multidisciplinaria que incluye música, danza, teatro, cine y exposiciones.

El complejo comenzó a construirse en abril de 2008 y se inauguró el 15 de diciembre de 2010 coincidiendo con su 103 cumpleaños. Integran esta estructura un edificio abierto a la plaza para actuaciones al aire libre; la cúpula, una inacabada esfera de hormigón; y la torre, convertida en un mirador de 20 metros de altura.

Edificios, monumentos, esculturas e iglesias marcan el paisaje de ciudades brasileñas diseñadas por Niemeyer, cuyo quehacer innovador también se esparció a otros países como Cuba, Alemania, Argelia y Estados Unidos.

Amigo del pueblo cubano y de su líder histórico, Fidel Castro, Niemeyer diseñó para la isla caribeña la escultura erigida hoy en la Universidad de las Ciencias Informáticas.

Trabajador incansable, el maestro no dejó de pensar, a tal punto que en sus últimos días, cuando estaba lúcido, deseaba salir para iniciar nuevos proyectos.

Durante su fructífera carrera profesional recibió importantes reconocimientos y galardones como el premio Pritzker (1988), considerado el Nobel de arquitectura; el Príncipe de Asturias de las Artes, en 1989; y la Orden de las Artes y las Letras de España (2009).

Al lamentar su deceso el 5 de diciembre, en Río de Janeiro, su ciudad natal, la presidenta Dilma Rousseff resaltó que “Brasil perdió a uno de sus genios”, amo de los trazos y de las curvas, y gran revolucionario. Rousseff lo calificó de mentor de una nueva arquitectura, innovadora, lógica, y aseguró que él soñó con una sociedad igualitaria.

Niemeyer fue un gran promotor de las ideas de Le Corbusier, considerado uno de los personajes más influyentes de la arquitectura moderna internacional. Fue pionero en la exploración de las posibilidades constructivas y plásticas del hormigón armado.

Con su muerte se inmortalizó su obra majestuosa, que nos hace recordar al hombre del concreto, de las curvas y trazos.