Historiografía

Cuando por fin conseguí que despidieran al encargado del archivo histórico y éste quedó en mis manos, recogí desde luego las tres o cuatro llaves que andaban por allí en manos de todo mundo e hice colocar cerraduras a las verjas de los pasillos que conducían al precioso recinto. Cambié el horario e hice ver a los pocos visitantes que se presentaban sin protesta de madrugada que no eran bien recibidos y que como no había presupuesto para ayudantes yo no podría perder mi tiempo de investigador vigilando el uso que se diera a los documentos, logrando en breve tiempo mantenerme a salvo de competidores. Sin archivos ¿quién hace historia?

 Eugenio Trueba/ El Cuento

 Por mi parte no tenía más que ponerme a leer día y noche, bajo llave, y a su tiempo lanzar al público y a los académicos mis grandes descubrimientos, como un simple y fatal resultado de la celosa y exclusiva posesión que yo tenía de las fuentes.

Pero como mi odiado antecesor, según pude averiguarlo después, había obtenido copia subterfugia del archivo, su libro publicado por rara coincidencia en igual fecha, era idéntico al mío.