A propósito de la Reforma Educativa

Es inaudito o por lo menos sospechoso que nuestros políticos “no” sepan cómo mejorar el sistema educativo. Elba Esther los emboba con esferas de malabarista mientras les saca la cartera del bolsillo. La discusión acerca de la profesionalización del magisterio, o la permanencia laboral, o la evaluación del desempeño de los profesores, están de más.

     Manuel Arias Delgado/ A los Cuatro Vientos

No se requiere reforma constitucional alguna para reivindicar el destino de la educación en México. ¿Cuándo ha estado interesada Elba Esther en el destino de los alumnos, en el estado físico de las escuelas o en la profesionalización de los maestros? ¿Qué sabe de los lineamientos y estrategias de la educación? ¿Qué de los contenidos programáticos? Nunca y nada. No necesita saber eso. Ella es la Frankestein salinista que ahora se vuelve contra los herederos de la clase política que la creó.

Elba Esther no necesita tener la cabeza del pulpo (la SEP) si tiene los tentáculos de ese monstruo.

Su poder no radica sólo en los miles de millones de pesos por concepto de cuotas sindicales que recibe (el 2%de cada sueldo nominal). Su verdadero poder está en la capacidad permanente de controlar a los agremiados del SNTE, a través de los espacios administrativos oficiales de la SEP.  ¿De qué le vale a Peña Nieto nombrar al Secretario de Educación, o a los gobernadores designar a los titulares de la Secretaría respectiva, si ella ocupa con sus incondicionales todos los demás puestos que en el organigrama están debajo de los titulares?

Las decisiones de contratación, cambios y ascensos de personal se toman en las oficinas sindicales; los funcionarios oficiales sólo firman, temerosos, los documentos.

Desde las oficinas sindicales también se premia la fidelidad servil o se castiga la disidencia “antipatriótica”. Es ahí donde se congelan aspiraciones libertarias, se obstaculizan proyectos educativas esperanzadores y se impulsan propuestas demagógicas y mentirosas.

México tiene los mejores libros de texto del mundo y sus psicopedagogogos son reconocidos también mundialmente. Al mismo tiempo, hay miles de maestras y maestros cuyo desempeño, a pesar de los obstáculos, debe ser reconocido. Son los que ocupan organigrama oficial corrompido, los responsables de que no se ejecuten las directrices de los planes y programas y que no se lleven a cabo  las directrices pedagógicas sugeridas por los profesionales encargados de diseñar proyectos basados en el estructuralismo. Son esos que por encargo de Elba Esther, mantienen el estatus que conviene a ella porque así conviene al sistema.

Quítenle los puestos administrativos oficiales a Elba Esther y oblíguenla a que los dirigentes sindicales sean pagados con los recursos del SNTE (como así los ordena la norma), y es como si le cortaran la yugular.

Que no nos vengan con cuentos chinos los políticos y los periodistas que opinan sobre esto. Ambos no han llegado ni a mediocres sparrings en este pleito con la “maestra”.