No sé de qué hacer esta columna.

No sabía que escribir esta tarde. Nunca había estado en una situación así. De hecho no tenía ganas de escribir nada. “Igual y” nadie lo lee. ¿No te gustaría leer lo que se me ocurrió? De cualquier manera ya lo estoy escribiendo, aunque eso no te importe. ¿O sí? No creo

Cristian Vázquez González*/ A los Cuatro Vientos

.  Lo que decimos y cómo lo decimos es un punto en el que converge lo que pensamos con lo que somos. ¿A poco no? Al respecto hay que considerar que los mexicanos tenemos una lengua picante y escurridiza, maleable y dispuesta a vestirse y revestirse de modas y hábitos nuevos. No hay mejor ejemplo que las comunidades fronterizas, donde se habla un raro engendro de español agringado con un toque de indiferencia gramatical. Una población mayormente clasemediera a diferencia de gran parte del país, es también un conglomerado presto a nuevos vicios del habla y escritura y el “zolo escrivo azí en facebuk” trasgrede a todos los terrenos, incluso al de los universitarios y profesionistas.

Pero la cosa de hoy no es la ortografía ni la gramática, sino de conductas que nos definen, que es casi lo mismo. Hace poco me preguntó una buena amiga que cómo era correcto decir, si ante nada o ante todo y al no ser un experto lingüista tuve mis dudas hasta que me dispuse a navegar un poco por Internet y al leer descubrí y recordé el sinfín de ejemplos en los que nuestras charlas comunes reflejan un negativismo crónico, visible en simples premisas como esta.  Sin ser un defensor de la programación neurolingüística, no deja de parecerme interesante considerar la irrefutable tendencia del lenguaje coloquial al “noísmo” (término literario pero aplicable a esta realidad) y enlistarlas como una más de las circunstancias que nos caracterizan y predisponen; definen los terrenos por los que navega nuestro pensamiento colectivo.

 Pensemos en una tienda pequeña donde hay que pedir lo que llevaremos. Estos espacios son un flujo de manifestaciones culturales muy especiales. No cabe duda que todos los clientes son (somos) tan diferentes como parecidos y comencemos por el principio. Hay dos formas en la mayoría de las personas comenzamos una compra, una es: ¿Cuánto cuesta…? Y la otra: ¿No tiene…?. ¿A poco no? Desde que me puse a pensar en ello he visto con mayor claridad los ejemplos en que teniendo enfrente el exhibidor, gustan de preguntar si NO se tiene tal artículo y una vez que ya se ha pedido tal o cual cosa lo más común es preguntar  si no se llevará “Nada más”, en lugar de «Algo más». El» No» se convirtió en una especie de prefijo cotidiano y el “no sé” y su compañera “nada” en la respuesta más común.

Gran parte de nuestras expresiones comunes están arropadas por la ausencia (nada, nunca, jamás) y la negación reiterada (no, para qué, ahorita no, así estoy bien), sin dolo ni intención, simplemente el inconsciente ha sido alimentado con gotero por esa inseguridad propia de anteponer el “No” a cualquier pregunta o proposición, así nos eximimos de cualquier posibilidad de errar. En buena medida las frases con intenciones propositivas se convierten en un intento de anti-negatividad que de propuesta tiene poco y aquí no aplica la regla de que menos por menos es igual a más. Es regla conductual que las expresiones del tipo “No me voy a enfermar”, “No estés haciendo ruido” o “No estés molestando”, son un reforzador de lo que se pretende evitar, sin darnos cuenta ¡El “noísmo” está en todas partes!

Al final, esto es una cuestión más a reflexionar. Como dice el proverbio checo del encabezado, mucho de lo que decimos nos define como lo que somos. Esto no implica que vayamos a morir por reiterar una simple palabrita de dos letras, simplemente indica una disposición natural a esperar lo peor, no arriesgarse o negarse al cambio. Sin pretender sonar muy libro de superación personal de esos de 3×50 en el mercado, es indudable que para poder aspirar a nuevas oportunidades y acciones es importante arroparnos de tendencias positivas y estar dispuestos a escalar nuevos  senderos y mejores perspectivas, pues vivir navegando con la bandera de la contrariedad es condenarnos a más de lo mismo. No siempre la asertividad implica saber decir “NO”.

¿No crees?

*Cristian Vázquez González. Presidente Pluma Joven A.C. Estudiante de Psicología en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC).