2006-2018: Docena trágica mexicana

 El gobierno de Enrique Peña Nieto llega acotado y deslavado. Difícilmente podrá distinguirse de su antecesor, marcado por el crimen y la corrupción. Los mexicanos, por segunda ocasión, tendrán que lidiar con la mafia y sus muertos. No queda de otra.

Everardo Monroy Caracas*

 Por lo pronto, la esperanza galopa sobre el lomo de dieciséis millones de mexicanos que le apostaron, el 1 de julio de 2012, a Andrés Manuel López Obrador. Tal vez pocos entiendan la importancia de este hecho, pero vale la pena recordarlo: Peña Nieto es más de lo mismo (autoritarismo, inmoralidad administrativa, narcotráfico, asesinatos selectivos, tortura y persecución e incluso más miseria).

Lo que viene no es nada halagador. Peña Nieto representa a una camarilla de millonarios que intentan hacernos creer que todo lo que representa al gobierno es podredumbre y, por lo tanto, ellos tienen el sagrado derecho de adueñarse de la obra pública, la vivienda social, el sudor y la sangre del trabajador asalariado y de los recursos naturales (Pemex, CFE, etcétera).

Televisa y Televisión Azteca nos han machacado el subconsciente y dejan entrever que los empleados públicos no sirven para nada. Por esa razón, las instituciones públicas no deben meter las manos en el combate a la pobreza u organizar a los campesinos, profesionistas y obreros en cooperativas de ahorro, consumo o producción para mejorar sus condiciones de vida.

La iniciativa privada, nacional e internacional, combate cualquier indicio socializador que ponga en riesgo el negocio fácil o el cochupo. Los empresarios –algunos de ellos administradores de los grandes capos de la droga, el secuestro, la prostitución y el tráfico humano y de armas–, tienen metidas las manos en la mayoría de las cadenas restauranteras, centros nocturnos, hoteles, transporte público, supermercados, inmobiliarias, bancos, etcétera.

Por lo mismo, estos capos infiltrados en el negocio privado, tienen a su servicio a ejércitos de militares, policías, burócratas del primer y segundo nivel, jueces, legisladores, alcaldes, regidores, síndicos, líderes sindicales, etcétera. Su poder es omnímodo y letal, porque también tienen alianza con la mafia internacional y el Pentágono.

Todas estas aseveraciones fácilmente son demostrables. Cualquier mortal con un poco de inteligencia puede indagarlo a través de Internet. (Incluso, como simple ejercicio pedagógico, ponga en el buscador Google, las palabras “narcotráfico Peña Nieto proceso” y se sorprenderá de los resultados. El árbol del bien y el mal está a la mano de todos: el ordenador. Fácilmente es alcanzable la manzana de la verdad, el fruto prohibido. Solo es cosa de tomarla y morderla para comprender que la salvación es posible si entendemos conscientemente lo que ocurre en nuestro derredor.)

Desgraciadamente la izquierda institucionalizada, la que representan Los Chuchos (Jesús Ortega y su lacayo Jesús Zambrano), está bajo el servicio de esa camarilla de bucaneros que tienen al país de cabeza. En el 2015 van por todo: Pemex, CFE, metales preciosos, reservas ecológicas, mano de obra barata, pensiones, dinero público, etcétera. Ellos y sus banqueros seguirán alentando la ingobernabilidad, a través del terror, la manipulación mediática y las adicciones. Ejércitos de jóvenes desempleados o subempleados se enfrentarán mutuamente para imitar a sus verdugos. En ningún momento tendrán derecho a organizarse para defender sus intereses de clase o su derecho a ser felices.

Seguirá el ejército en la calles. ¿Más sangre, dolor y muerte para los mexicanos?

El fraude electoral del 2006 cosechó 85 mil mexicanos ejecutados y 25 mil desaparecidos. También llenó las cárceles de jóvenes que intentaron resolver sus carencias y adicciones imitando a Tony Montana (el temido personaje del filme estadounidense “Scarface”). El gobierno de Felipe Calderón-Emilio Azcárraga fue de sangre, dolor, lágrimas y mentiras. Algo similar nos espera durante el gobierno de Enrique Peña Nieto-Emilio Azcárraga. La única diferencia, de existir, es que ahora habrá mayor cerrazón informativa y el país se militarizará descaradamente. La policía única o gendarmería, tomará por asalto cada municipio e intentará tener connivencia con el crimen organizado para combatir cualquier indicio de rebeldía organizada. De ser posible, con la ayuda de la izquierda modosita, tipo Nueva Izquierda, se alentará la creación de grupos ultraizquierdistas que den pretexto para reprimir a estudiantes, maestros, ecologistas o líderes sindicales con vocación socialista. La burocracia priista de primer nivel es experta en esos haberes. Esa realidad se vive en los estados de Guerrero, Michoacán, Chiapas, Sinaloa y Oaxaca donde gobiernos apoyados por Los Chuchos se han convertido en santuarios de paramilitares y narcotraficantes. Estudiantes, ecologistas y maestros han sido asesinados o desaparecidos. Michoacán fue gobernado por Cuauhtémoc Cárdenas (Lázaro-Godoy) durante doce años y los resultados están a la vista: miseria, terror, militarización, represión, fundamentalismos religiosos, narcotráfico paramilitarista, etcétera.

Enrique Peña Nieto tuvo que recibir la estafeta presidencial de manos de un genocida y lo hizo en lo oscurito, a la medianoche. Durante la mañana de ese mismo sábado 1 de diciembre, logró entrar al Palacio Legislativo de San Lázaro rodeado de miles de militares, policías y paramilitares. Sus patrocinadores saben que es mediocre, inculto, pero corrupto, servil y fácilmente manipulable. Confían en los hombres que han colocado en las secretarias de estado y el congreso de la Unión. También le tienen ley a quienes les sirven en el poder judicial y en los gobiernos estatales y municipales. Durante un trienio más pueden respirar tranquilamente.

Andrés Manuel López Obrador y sus aliados siguen construyendo un frente nacional de resistencia y millones de mexicanos, indignados ante tanta corrupción y violencia institucionalizada, intentarán hacer su parte histórica para contener a los depredadores de la riqueza nacional. En sus manos tienen esa difícil tarea, pero triunfarán. México no es el país que imaginan quienes han construido sus fortunas personales robando y corrompiendo. México es propiedad moral de las mujeres y hombres de bien, los que todos los días ayudan al prójimo, son honorables, trabajadores, libres y enemigos de la injusticia y la mentira. Nuestros hijos están seguros en sus manos.

Diciembre 01 de 2012

*Everardo Monroy Caracas. Periodista y escritor, originario de Veracruz. Fundador del periódico Uno mas uno. Ha laborado como reportero en diversos diarios de la República. Es autor de los libros Ansia de Poder, Nostalgia del Poder,El Difícil camino del poder, Tepoztlán: Cuadrónomo extraterrestre, La Ira del Tepozteco, El Quinto día del séptimo mes, Complot Chihuahua: Matar al gobernador, Fusilados y El Chacal de Pie IX. Actualmente radica en Canadá.