El especial cerebro de Alberto Einstein

Nadie duda que Alberto Einstein fue un genio. Pero, ¿cómo sucedió?

Michael Balter / ScienceNOW

Muchos investigadores han supuesto que hizo falta tener un cerebro excepcional para crear la teoría de la relatividad y generar otras ideas extraordinarias que están en los cimientos de la física moderna.

Un estudio de 14 fotos recién descubiertas del cerebro de Einstein, concluye que éste fue muy diferente en más de un sentido, aunque los investigadores aun no saben exactamente como es que el genio extraordinario de Einstein se relaciona con, por ejemplo, las circunvoluciones (gyri) y pliegos adicionales de su cerebro.

La historia del cerebro de Einstein empezó en Nueva Jersey en 1955, luego de que muriera en Princeton a la edad de 76 años. Su hijo, Hans Albert, y el ejecutor testamentario, Otto Nathan, autorizaron a que el patólogo que examinaba el cadáver, Thomas Harvey, preservara el cerebro para poder ser estudiado científicamente.

Harvey tomó muchas fotos del cerebro y luego lo cortó en 240 bloques que fueron cubiertos con una sustancia resinosa. Cortó estos bloques en más de 2000 láminas para que fueran estudiadas con un microscopio.

Al cabo de varios años había distribuido las fotos y las láminas a al menos 18 investigadores de todo el mundo. Harvey se quedó con algunas láminas, nadie sabe donde quedó el resto del material y se cree que la mayor parte se perdió para siempre cuando los investigadores se retiraron o murieron.

Este material disperso solo produjo 6 publicaciones científicas arbitradas. Algunos estudios revelaron características interesantes del cerebro de Einstein, incluyendo una mayor densidad de neuronas en ciertas regiones cerebrales y una mayor cantidad de células auxiliando a las neuronas a transmitir sus impulsos nerviosos (más glia por neurona).

Dos estudios de la anatomía del cerebro a gran escala, incluyendo uno que el antropólogo Dean Falk, de la Universidad Estatal de Florida en Tallahassee, publicó en 2009, descubrieron que los lóbulos parietales de su cerebro –posiblemente relacionados con su extraordinaria habilidad para conceptualizar problemas de física- tenían un patrón común de surcos y crestas.

Pero el trabajo de Falk se basó en unas pocas fotos que le dió Harvey, que falleció en 2007. En 2010, los herederos de Harvey le entregaron todo el material al Museo Nacional de Salud y Medicina (NMHM), que el ejército de Estados Unidos tiene en Silver Spring, Maryland.

En el nuevo estudio, publicado en la Revista Brain, Falk se asoció con el neurólogo Frederick Lepore del Colegio de Medicina Robert Wood Johnson en Nueva Brunswick, Nueva Jersey, y Adrianne Noe, directora del NMHM, para analizar 14 fotografías inéditas del cerebro completo de la colección de Harvey.

Su artículo de investigación incluye una relación entre las fotografías y los 240 bloques y la laminillas que Harvey extrajo, esperando que otros científicos las usarían para realizar más investigaciones.

Imágenes del lado izquierdo y derecho del cerebro de Alberto Einstein, tomadas por Thomas Harvey poco después del fallecimiento del gran hombre. Tomadas de: Falk, D., Lepore, F., Noe, A. (2012). The cerebral cortex of Albert Einstein: a description and preliminary analysis of unpublished photographs. Brain (doi #doi:10.1093/brain/aws295) y el Museo Nacional de Salud y Medicina de Estados Unidos.

Compararon el cerebro de Einstein con las descripciones científicas de los cerebros de otras 85 personas y confirmaron que el gran físico tenía algo muy especial entre sus orejas.

El peso del cerebro de Einstein, 1230 gramos, está dentro del promedio, pero tiene varias regiones con pliegues y circunvoluciones adicionales y pliegues que rara vez son observados en otros sujetos. Por ejemplo, son mucho más grandes las zonas de su cerebro que facilitan los estímulos sensoriales y el control motor de la cara y la lengua. También es mayor tamaño la corteza cerebral pre frontal, que esta relacionada con la planeación, la concentración y la perseverancia.

Falk asegura que en “cada lóbulo”, incluyendo al frontal, al parietal y al occipital, “hay regiones con circunvoluciones excepcionalmente complicadas”.

En lo que se refiere a las regiones expandidas relacionadas con la cara y la lengua, Frank piensa que esto puede estar relacionado con una famosa cita de Einstein, en la que dijo que su pensamiento era más “muscular” que hablado. Aunque este comentario es usualmente interpretado como una metáfora sobre sus experiencias subjetivas mientras meditaba sobre el universo, “es también posible que haya usado su corteza motora de manera extraordinaria”, conectándola con el pensamiento abstracto, según dice Falk.

Albert Galaburda, un neurocientífico de Colegio de Medicina en Harvard, dice que “lo extraordinario de este trabajo [el de Falk y colaboradores] es que presenta  … toda la anatomía del cerebro de Einstein con un gran detalle” y añade que el estudio hace “nuevas preguntas para las que no tenemos una respuesta”. Entre otras, saber si Einstein nació con un cerebro que lo predispuso a que fuera un gran físico o si su excelente trabajo como físico hizo que crecieran algunas regiones de su cerebro.

Galaburda dice que el genio de Einstein probablemente era debido a “una combinación entre su especial cerebro y el medio ambiente, que el genio de Einstein probablemente le debía algo al «medio ambiente en que vivía”. Sugiere que los investigadores traten de comparar el cerebro de Einstein con el de otros físicos talentosos, para ver si estas características son compartidas por otros científicos.

Falk también cree que la naturaleza y el medio ambiente contribuyeron a su genio, señalando que los padres de Einstein eran “muy dedicados” y lo alentaron a que fuera independiente y creativo, no solo en ciencia sino también en música, por lo que le pagaron lecciones de violín y piano (el estudio de Falk en 2009 también encontró que estaba muy desarrollada la región del cerebro de Einstein que esta relacionada con el talento musical).

Según Falk, «Einstein programó su propia mente», pero “tuvo el cerebro adecuado en el lugar y el momento adecuado”, ya que en Europa había un campo de la física que necesitaba de nuevas ideas.