Un recreador poético: Alán Gorosave

Treinta y seis años del fallecimiento del declamador internacional, nativo de Mulegé, el más bello de los pueblos- oasis de Baja California Sur, Alán Gorosave fue un artista trashumante que llevó la poesía por el mundo con su voz privilegiada. Murió el 14 de noviembre de 1976

Enrique  A. Velasco Santana*/ A los Cuatro Vientos

         En reciente entrevista con el maestro ensenadense Adrián Ojeda Escamilla sobre Alán Gorosave, figura singular en el escenario de la cultura bajacaliforniana en las décadas de los de los años 60 y 70, damos a conocer a usted, estimado lector, algo más sobre la vida de este declamador de rango internacional que, viajero constante, jamás olvidó los lazos con su natal Baja California.

La personalidad de Alán Gorosave reviste importancia en tanto que, de manera totalmente independiente, llevó la poesía por diversos países de Latinoamérica y Europa y su presencia regionalmente, era recibida con beneplácito, particularmente por los canales de televisión, el 23 de Ensenada, el 12 de Tijuana y el 3 de Mexicali, quienes apreciaban en el  no solo al declamador, sino a un impulsor del arte escénico.

Dentro de su repertorio incluía obras de poetas nacionalmente reconocidos, como aquella que aún en la actualidad gusta a no pocos amantes de la poesía – hoy con un sabor de tiempos muy lejanos- “ El Seminarista de los Ojos Negros “ ; poemas de autores  latinoamericanos como José Santos Chocano, pero, aquí en Tijuana le era muy celebrada, desde luego, la interpretación de aquellos versos  que iniciaban así : “ Anoche tuve un encuentro con Tijuana, ¿ la conocen ustedes ?, es una chica que dicen que es coqueta, cocota, o algo así… “ y los tijuanenses en aquel tiempo en que la leyenda negra no tenía asomos de declinar, encontraban en sus versos el reflejo de su forma de entender  y amar a una ciudad estigmatizada, a la que se hacia una especie de   “ justicia poética “ cuando en la voz de Gorosave escuchaban aquello de  “…. quienes tal dicen, no te conocen, ni saben como eres….yo, como otros, vine a conocerte solamente, y recorriendo tu laberinto de luces me enamore de ti…. etc., etc., “ y, naturalmente, ¿ como no iba considerársele como a alguien de casa, o como no recibir como a un amigo a quien de tales palabras era emisor, en medio de un verdadero mar de voces acusadoras al inmemorial estilo del que ve la paja en el ojo ajeno. En fin, he aquí una parte del porque Gorosave pertenecía no sólo al sur de la península, sino que la abarcaba toda, incluyendo la Ensenada de Luis Pavía y de López Gastélum, ambos poetas, hasta  la susodicha  “ traviesa chiquilla fronteriza “

Maestro Adrián Ojeda Escamilla, biógrafo del poeta Alán Gorosave.

Preguntando a nuestro entrevistado sobre  los poetas favoritos del propio Gorosave, nos habla de Liliam Toledo, Rodolfo Licona, José Angel  Buesa, Miguel Ramos Carrión; así, también entre sus favoritos  estaba un poema llamado “ Hoy me siento filósofo “,  en el que se vierten meditaciones sobre la existencia y la forma de asumirla con sabiduría.  Aunque no le gustaba decirla en los bares – recordemos que el se presentaba en teatros, auditorios, universidades y también en cabaret, de hecho hizo historia aquí en Tijuana en el Frenchys La Rue, que estaba en la avenida Revolución-. El caso es que “ Hoy me siento filósofo “, prefería  declamarla en los recitales con los estudiantes, en las universidades, sin embargo, si el público la pedía en el bar, la decía, y, naturalmente, era bien recibida.

Hay que decir que Alán Gorosave, cuya vida transcurrió en un permanente viajar de uno a otro punto llevando siempre su poesía, tiene toda una historia paralela a su arte, pues a veces se veía precisado a atender el lado practico de la existencia y así, por ejemplo, en Alemania trabajo como ilegal en una fabrica, en una siderúrgica. En todas partes fue ilegal, porque no tenía documentos para trabajar. Se manejaba por el lado de lo cultural, pero entraba a trabajar en otras cosas.

Otra  forma en lo que toca a la Baja California esta relacionada con su participación altruista, actuando, por ejemplo, en recitales para recaudar fondos para escuelas. En eso fue muy generoso, lo que no obsta para que, en lo particular fuese muy  “ organizado “ en la administración de sus finanzas, que es una forma popularmente de decir  “ marro “.

Y entrando a las cuestiones de su personalidad, nos dice Adrian Ojeda Escamilla, que tenia un carácter malísimo, pésimo, insoportable. Además siempre vestía de livais y camiseta para lucir su cuerpo atlético. Y era proclive a la soledad, a la angustia, a la depresión;  el sufría porque en ese constante ir y venir, siempre estaba lejos de sus afectos: su tierra, su familia, sus amores.

Bajo el puente que va a Coronado hay un parque y cuenta Adrian Ojeda la última vez que vio al declamador, en una reunión precisamente en ese parque: “ le quedaban cinco meses de vida, así se lo habían pronosticado, y así fue. Un amigo de la Paz me dijo que estaba en casa de la Chonita, una antigua amiga suya que vivía en Chula Vista o National City: “Las cosas están así”. Fui a verlo. Lo salude con mucha prudencia, con mucha educación, y me pego una buena reganada: “ ¿Qué crees que te voy a contagiar o que? “ y entonces ya nos pusimos a platicar. Al rato llegaron unos amigos de Mexicali, otros de la Paz. Nos habíamos puesto de acuerdo y nos juntamos como siete, eran profesores, otros periodistas, músicos.  Con un galón de vino nos fuimos caminando al parque, como unas tres cuadras. Pensamos que Alán no iba a probarlo, y si lo Hizo. Se puso muy triste y dijo: “Estos pinches médicos que están creyendo; yo le voy a buscar por otra parte, y voy a vivir mas”. Y lo hizo, gastando en busca de la salud perdida, pero no se alivio.

Ya deforme y en silla de ruedas lo llevaron de México a la Paz, y de la Paz a Mulegé en un avión especial. Se estaba muriendo por el cáncer, pero si se encontraba  a alguna persona que lo saludara, le decía que nomas iba a arreglar unos asuntos en Mulegé y luego se iría a México a curarse.

Pero llegó el fin, y habiendo rechazado denodadamente la posibilidad de morir, terminó por aceptarlo. Y él, que toda la vida se considero ateo, hizo llevar un sacerdote a su casa. En aquel entonces  en la península  había muchos curas extranjeros; aquel era italiano y, para confesarlo, se dispuso  a hacer salir a los familiares que permanecían en la habitación del agonizante. Alán Gorosave tuvo un último desplante: “No les diga nada –pidió-, que se queden, pero confiéseme en italiano”.

Y así murió el declamador que recorrió Europa, América Latina, y fue querido en y quiso a la Baja California nuestro estado y a la del Sur; el insoportable, el solitario. El, siempre en camino, emprendía el último viaje confesándose en italiano en su lecho del viejo Mulegé. El insoportable capaz de suscitar afectos tales que aún germinan en su peregrinaje solitario por la tierra que amó.  No se considero, el, que tenia que batallar para expresar su arte, un recitador: el se consideraba a si mismo un recreador de la poesía.

Alán Gorosave, el declamador internacional

Nativo de Mulegé, pequeña comunidad sudcaliforniana envuelta en la magia del País de los Oasis de que hablara Fernando Jordán en su “ Otro México”, hasta la fecha, libro de lectura imprescindible para conocer el alma peninsular, Alán Gorosave, que pasó por la vida llevando la poesía a todas las latitudes, es un personaje cuya memoria se honra en este mes de noviembre en el que se cumple un aniversario más de su deceso.

Gorosave fue un declamador trashumante de sensibilidad exquisita que recorrió las principales ciudades del  país, y después de Centro, Sudamérica  y  Europa, llevando siempre en su voz la poesía universal  e hispanoamericana, incluyendo en su repertorio la producción de poetas regionales, como el recordado ensenadense  Luis Pavía  con su pieza satírica “ La cigueña Trece “.

Muchos tijuanenses recuerdan aquella interpretación que el sudcaliforniano hacia del poema “ Tijuana y yo “, declaración de amor a la ciudad que encendía la emoción de nativos y arraigados allá en los años sesenta y mediados de los setenta, cuando la nuestra, merced  a  la leyenda negra, era una población estigmatizada para quienes, en efecto, no la conocían.

Por aquella época Alán Gorosave, quien  vivió  por temporadas en Tijuana, se presentaba con su espectáculo en centros nocturnos como el extinto  Frenchy’s  la Rue, o en bares de elegantes hoteles en el puerto de Ensenada y realizaba toda una hazaña al lograr con su actuación captar la atención de los parroquianos, así, la poesía se convertía en la reina de la noche, cosa nada usual en ese tipo de establecimientos.

Pero es importante señalar que el arte de Gorosave, además de bridar la oportunidad de disfrutar la poesía bien dicha, lo cual acercaba a esta manifestación artística a muchas personas a quienes revelaba el valor y el sentido de la expresión estética a través de la palabra, también colaboraba participando en eventos que se realizaban para reunir fondos para causas sociales, principalmente relacionados con la educación.  Personalmente quien esto escribe ha tenido oportunidad de comprobar como en el seno del magisterio, desde luego, de los maestros que vivieron ese periodo, se le sigue recordando y se aprecia el valor de su legado.

En sus giras Alán Gorosave, desde luego, se presentaba en teatros, auditorios y universidades, en donde realizaba recitales para los estudiantes.  Como personaje emblemático, diríamos un ícono peninsular, Alán Gorosave, cuyo nombre real  fue José  Gorosave  Osuna, forma parte de la historia de la cultura de nuestra entidad, revistiendo un papel peculiar, ya que pertenece, tanto a  su natal Baja California Sur, como a Baja California, porque  aquí desplegó su arte y fue conocido y apreciado en una época en que la vida cultural iba encontrando su cauce.

Nacido en 1917, Alán Gorosave estudio en la Escuela Normal de Todos Santos, B.C.S. después estudió odontología en la UNAM, pero finalmente fue gravitando hacia su verdadera  vocación, iniciándose en la locución y por esa vía se convirtió en declamador.

Cuando Baja California se convirtió en estado, en los años cincuenta, doña  Carlota Sosa y Silva, esposa del  gobernador  Braulio Maldonado, lo invitó a colaborar con ella en lo que ahora seria el DIF,  y  en cuestiones de tipo cultural. Fue después de esa experiencia, en los años sesenta, cuando pasa a vivir en Tijuana  de  la de la cual afirmaba que era la ciudad que le gustaba más que cualquier otro lugar en el mundo.  La promovía y allí le iba muy bien; llenaba  el  Nicte- Ha, el Stardust, y otros centros nocturnos.  Hay que agregar que ya anteriormente había estado en Tijuana, cuando tenía un programa de radio en la XEBG que se llamó  “ Radio  Teatro “, en donde participaba como actor.

Tuvo una casa en  La Rumorosa a la que el se refería como  “ la cabaña “, por el rumbo de La Ventana. Allí organizaba sus tertulias o se retiraba cuando se sentía muy estresado. En 1961, cuando preparaba un viaje a Europa, se quemó la cabaña, hoy nada más quedan las piedras de lo que fue el curioso refugio de un artista.

Ya muy enfermo, y después de haber luchado  denodadamente por sobrevivir al cáncer, terminó por aceptar la proximidad de su fin y viajó  a Mulegé. En el último momento, el, que se había considerado ateo toda su vida, mando llamar un sacerdote. En aquel entonces en la península de Baja California había muchos curas extranjeros. Aquel  era  italiano  y,  para confesarlo, se dispuso a hacer salir de la habitación a los familiares del agonizante. Entonces él tuvo un último desplante:  “ No les diga nada – le pidió – que se queden, pero confiéseme en italiano “. Fue su última actuación.

Alán  Gorosave murió el 14 de noviembre de 1976. No se consideraba a si mismo un recitador sino un recreador de la poesía.

Estas notas tienen el propósito de aportar en algo al rescate de un ícono bajacaliforniano olvidado por la comunidad oficial. El autor agradece siempre la información proporcionada por el maestro y declamador ensenadense  Adrián Ojeda Escamilla.

Enrique A. Velasco Santana. Editor, Ensayista y Cronista Independiente de Baja California y Jalisco. Colabora en el suplemento Identidad, del periódico El Mexicano. Los lunes participa  en el Noticiero Fórmula-Tijuana, en el 950 A.M. en el segmento “Cita con la Historia”.
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