El imperialismo de las compañías colonizadoras en Ensenada (1886-1917)

Manuel Guillén Guillén* / A los Cuatro Vientos

La segunda mitad del siglo XIX fue testigo del afianzamiento del capitalismo internacional que encabezaron principalmente países como  Inglaterra, Francia y Estados Unidos.  Una de sus características básicas fue la búsqueda de materias primas, mayores mercados mundiales y el dominio de recursos naturales, ocasionando algunas rivalidades entre potencias capitalistas.

Ese marco internacional de alguna manera se vio reflejado en el proceso de la especulación de terrenos y bienes raíces que se experimentó entre 1886 y 1917 en Baja California, y de forma muy especial en Ensenada, pues al tener el rango de capital (1882-1915) del entonces Distrito Norte de la Baja California, las principales autoridades, los comerciantes e inversionistas más importantes se establecieron en esta ciudad.           

La búsqueda de colonización y  venta de terrenos estuvo contextualizada en la necesidad permanente   de poblar ciertas regiones del norte del país, entre ellas, la península de la Baja California. Una de las razones principales de esta preocupación era el expansionismo estadounidense, que se hacía doblemente peligroso por la escasa población que presentaba Baja California y la mala comunicación con la capital nacional y otras zonas de la República. Por otro lado, el régimen porfirista buscaba atraer constantemente las inversiones del capital extranjero, pues se consideraba la única alternativa para impulsar el desarrollo económico. Por tales razones, Porfirio Díaz trató de conseguir ambos objetivos ayudándose de una adecuada diplomacia.

Por consiguiente, se dictaron algunas leyes como la Ley de colonización de 1883, buscando  dar facilidad a colonos (tanto mexicanos como extranjeros) para su establecimiento y arraigo en estos lugares. Sin embargo, las políticas de colonización  tuvieron escasos éxitos, por lo que, para el caso de Baja california se relegaron estas tareas a empresas extranjeras. Nos referimos a la Compañía Internacional de México (de capital estadounidense y conocida localmente como la Compañía Americana) y la Compañía Mexicana de Terrenos y Colonización (llamada comúnmente como la Compañía Inglesa).

La primera de estas empresas tuvo  acción entre 1886 y 1889, cuando el gobierno federal les otorgó los derechos correspondientes para emprender la  colonización en Baja California, principalmente en Ensenada, por lo que  compraron  3,511 hectáreas a Pedro Gastélum. Dicha empresa era dirigida  por  George Sisson y mantenía su sede en Connecticut, Estados Unidos, contando con  algunas oficinas en Nueva York, México y  Ensenada.

Por su parte, la Compañía Inglesa estuvo dirigida en sus inicios por Buchanan Scott. Fue en 1889, en Londres, donde la Compañía Internacional traspasó sus posesiones y algunas deudas a esta empresa inglesa. Estos capitalistas tuvieron la concesión de colonización hasta 1917, cuando el presidente Venustiano Carranza, retiró los permisos correspondientes por incumplimiento en las responsabilidades de colonizar.

Entre ambas empresas podemos distinguir dos contextos diferentes que nos permiten entender algunos alcances en sus proyectos. Para el caso de la Compañía Internacional, su principal interés fue el negocio de los bienes raíces, aprovechando el auge de este rubro en el sur de California, por lo que, proyectó un plan urbanístico denominado “Colonia Carlos Pacheco,” que incluía las ciudades de Ensenada, San Carlos  y Punta Banda. Sin embargo, la recesión experimentada en California a fines de 1880, impactó directamente en las inversiones destinadas en Baja California.

El primordial objetivo para la Compañía Inglesa fue el buscar rutas alternas en las actividades de inversión, pues era claro el panorama adverso en la venta de terrenos; por ello pusieron  atención en el sector minero de El Álamo  y en proyectos agrícolas en el Valle de San Quintín.

Es cierto que ambas empresas  vislumbraron algunos proyectos ambiciosos que introdujeron ciertos beneficios para Ensenada, pero fueron realmente escasos y su papel como agentes de colonización fue incongruente con lo estipulado en las concesiones, ya que el establecimiento de familias fue producto de acciones de compra-venta de predios, especialmente a estadounidenses y algunas familias mexicanas que podían solventar las adquisiciones.

Ambas compañías eran simplemente asociaciones de empresarios que especulaban con la tenencia de la tierra y algunos recursos naturales y no descartaron las conspiraciones para independizar de México a la península de Baja California, como fue el intento de la Compañía Inglesa en 1890. La justificación constante en estos casos era que las inversiones serían más lucrativas estando las tierras bajacalifornianas bajo domino  de otro país, principalmente de Estados Unidos.

Históricamente ha sido una constante que las concesiones otorgadas a extranjeros sobre los recursos naturales de México se otorguen sin mayor beneficio real para el país, dejando incluso por debajo los aspectos jurídicos y en muchos de los casos, modificándolas para tales fines. La Compañía Internacional y la Compañía Inglesa llegaron a tener concesión de la mayor parte del territorio del actual estado de Baja California, sin tomar en cuenta a algunos de propietarios existentes antes de la aparición de estas empresas como era el caso de algunos rancheros e indígenas. Vale la pena en la actualidad reflexionar sobre el saqueo de nuestros recursos naturales, que en aras del progreso económico se le otorgan a empresarios extranjeros y a algunos mexicanos que fungen como prestanombres  y socios menores.

23 de noviembre de 2012

* Historiador, docente en el Instituto Latinoamericano