Las bebés infelices tienen un cerebro distinto en su adolescencia

Un grupo de científicos acaba de encontrar que las bebés que vivieron en un hogar estresado, terminaron siendo adolescentes propensas a la ansiedad y la depresión con un comportamiento cerebral alterado. Curiosamente, no se observó lo mismo en bebés varones.

El estudio, liderado por Cory Burghy de la Universidad de Wisconsin, utilizó información recopilada en 1990, en la que se le preguntó a las madres si habían tenido problemas familiares – depresión, conflicto marital, carencia económica, alcoholismo, etc. – durante el primer año de vida de sus bebés.

Cuatro años más tarde, encontraron un exceso de la hormona cortisol en la sangre de las hijas de las madres que reportaron haber tenido problemas. Esta hormona está relacionada con el estrés. Concretamente, se ha observado que los animales y las personas con exceso de cortisol están casi permanentemente estresadas.

Catorce años después, las adolescentes que tuvieron una primera infancia estresada tenían una anormalidad cerebral relacionada con el manejo de las emociones. Dos regiones del cerebro, la amígdala y la corteza cerebral, normalmente colaboran para reprimir emociones negativas. La comunicación entre estas dos regiones cerebrales es deficiente entre este grupo de jóvenes y se cree que esta anomalía está asociada a niveles altos de cortisol.

El estudio sólo encuentra que los cambios cerebrales de las adolescentes están relacionados de algún modo con el estrés infantil. No demuestra que el estrés de la bebé sea el único o principal motivo por el que se producen estos cambios.

Otros estudios han encontrado que el estrés también tiene efectos perdurables en el DNA, en particular en la durabilidad de los telómeros, secuencias repetidas de moléculas que están situadas en las puntas de los cromosomas. Al envejecer, disminuye la longitud de los telómeros y, con ello, la capacidad de duplicación del DNA.

Una menor longitud de los telómeros también está asociada a desórdenes del sistema inmunológico, fibrosis pulmonar, diabetes y algunos tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares. Sorprendentemente, se ha encontrado que los telómeros son más cortos en personas estresadas de cualquier edad, ya sean bebés, jóvenes o adultos de 80 años.

Mediante el exceso de cortisol y el acortamiento de telómeros,  una condición de estrés social y psicológico permanente tiene efectos tan perniciosos como el tabaco, el alcohol o la comida chatarra, particularmente en los primeros años de vida.

Citas: C.A. Burghy et al. 11-11-2012., Nature Neuroscience Doi:10.1038/nn.3257. E.H. Blackburn y E.S. Epel, 2012, Nature 490, 169. L. Sanders, 11-11-2012., Science News