La mota se vuelve respetable. ¿Qué podemos esperar?

Joaquín Bohigas Bosch / A los Cuatro Vientos

En Estados Unidos son nueve los estados en los que se vende mariguana con fines medicinales, ocho en donde es lícita su posesión, cinco que permiten su posesión y venta como medicamento y, desde el 6 de noviembre, por iniciativa y decisión popular, dos en los que es legal cultivarla, venderla o consumirla por cualquier motivo, sea medicinal o “recreativo”. Más aun, en 2011 hubo una encuesta nacional en la que 50% de la población opinó que había que legalizar la mariguana, mientras que 46% consideró que debía seguir siendo ilegal. Entre la población de menos de treinta años, de la que depende el futuro de los políticos, 60% favorece su legalización.

Paradójicamente, la posesión de mariguana sigue siendo un delito federal por el que centenas de miles de estadounidenses son arrestados anualmente. Además del enorme costo social que significa criminalizar a millones de consumidores y adictos, el gobierno de Estados Unidos gasta entre 40 y 50 mil millones de dólares anuales en el aparato policiaco y legal dedicado al combate a las drogas y pierde otro tanto en impuestos al no legalizarlas. Gasta cinco veces menos en el tratamiento de alcohólicos y adictos a otras drogas. Durante siete décadas han manejado la drogadicción como si fuera un asunto meramente criminal, no como un problema de salud pública. Ésta política ha tenido consecuencias trágicas, particularmente en los países que importamos su guerra al narcotráfico.

La clase política estadounidense sigue paralizada, no así los ciudadanos. Si no sucede algo extraordinario, es probable que en los próximos cuatro años será legal el cultivo, la venta y el consumo de mariguana en los estados más liberales, prósperos y poblados de ese país y que el gobierno federal será mucho más indulgente con su posesión y consumo, como ya sucede en muchos países americanos y europeos. No es inminente, pero si inevitable: un tsunami económico, social y político pasará sobre México durante los próximos años.

Según un estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), la reciente legalización de la producción, venta y consumo de mariguana en los estados de Washington y Colorado, reducirá el costo de la yerba hasta en 75% en la mayor parte de los estados de ese país, desplazando a la mariguana mexicana de casi todo el mercado estadounidense, en el que hay entre 17 y 18 millones de consumidores. En efecto, pronostican que tarde o temprano cesará el contrabando de mariguana hacia Estados Unidos e incluso insinúan que México puede convertirse en un importador de yerba. Como consecuencia de ello, estiman que se reducirán en 35% los ingresos brutos por exportación de drogas de los narcotraficantes mexicanos, una cantidad cercana a 2,000 millones de dólares anuales.

Hay que recordar que consumen otras drogas ilegales en Estados Unidos. Su Instituto Nacional de la Salud estima que cerca de tres millones usan sustancias psicoterapéuticas (tranquilizantes, estimulantes, etc.), un millón y medio consume cocaína y dos millones son adictos a heroína, inhalantes y alucinógenos. Si la legalización de la mariguana no reduce el volumen de consumo ni altera las políticas oficiales hacia estas drogas, lo más probable es que siga siendo redituable traficar cocaína, heroína y metanfetaminas hacia Estados Unidos que, según el reporte del IMCO, suman el 40%, 15% y 10% de los ingresos de los narcotraficantes mexicanos.

¿Qué podemos esperar? Al reducirse el contrabando de mariguana, habrá mayor competencia entre las organizaciones criminales para apoderarse del mercado de drogas que sigan siendo ilícitas en Estados Unidos. Dadas sus formas de polemizar, podemos suponer que se incrementará la violencia entre estos delincuentes. También menguarán fuertemente los ingresos de políticos, jueces, policías y militares que están en la nómina de los narcotraficantes y habrá efectos económicos negativos entre los que dependen del tráfico de mariguana, particularmente entre los campesinos dedicados o asociados a su cultivo. Son concebibles mayores índices de desempleo (o subempleo) en el sector criminal y es enteramente posible que las organizaciones delictivas se esfuercen por mercantilizar la yerba a nivel nacional o diversifiquen sus actividades y le dediquen más trabajo y capital a, por ejemplo, la extorsión, el secuestro, la trata de blancas y el contrabando.

El impacto de la legalización de la mota no será uniforme. En opinión del IMCO, el cártel de Sinaloa está en una situación desventajosa por ser la organización que más depende del contrabando de mariguana. También señalan que esta medida tendrá un enorme efecto en los estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua, en los que un sector importante de la sociedad está cultural, política y económicamente organizada alrededor de esta yerba. El IMCO no lo menciona, pero es posible que el “Chapo” Guzmán deje de ser una de las personas más ricas del orbe y que, con sus ingresos disminuidos, ya no pueda seguir “evadiendo” al aparato de “justicia”.

Estas calamitosas reflexiones presuponen que nuestra sociedad continuará contemplando impasiblemente su descomposición y que el estado mexicano seguirá siendo un agente pasivo de las políticas de Washington, carente de la voluntad, imaginación, decencia y audacia que se requiere para confrontar la terrible tragedia del narcotráfico y la narcodependencia. Anhelo que no sea así. Ojalá que lo que acaba de suceder en Estados Unidos sea el preludio del ocaso del narco.